Crítica de «Desafiantes» de Luca Guadgnino (2024)

Luca Guadagnino saltó a la fama luego del gran éxito de su quinta película, «Call me by your name», y de ese proyecto en adelante se encargó de dejar en claro que es un cineasta más que peculiar. Sus producciones son siempre evocativas y cuanto menos bastante interesantes, ofreciendo a las audiencias experiencias reconfortantes pero con una facilidad innata para descolocarlos de forma intrigante.

«Desafiantes» retrata un partido de tenis sin ningún tipo de relevancia en la que se enfrentan un exitoso tenista buscando recuperar forma física y un competidor con experiencia que lucha todo el calendario por clasificar a los torneos más relevantes. Atentamente los mira desde la grada la mujer que ayudó a convertir a uno de ellos en un multicampeón, y la cinta se encargará de (alternando presente con varios pasados sin perder nunca el ritmo de competencia) ahondar un poco en cómo este enfrentamiento es probablemente uno de los partidos más importantes en las vidas de estos tres amigos, enemigos, amantes y deportistas.

En una de las varias ocasiones en las que la película lanza muy casualmente las piezas más importantes de su construcción temática, uno de los personajes explica cómo «el tenis es como una relación». Estos son adultos que le dedicaron al deporte su juventud y que, sabiéndolo conscientemente o no, tienen una conexión con el tenis que no solo refleja sus formas de relacionarse con el resto sino también el lazo más duradero de sus vidas. Los tres aprenderán, y olvidarán, durante el correr de la narrativa como se trata de algo a nutrir con dedicación a mediano o largo plazo independientemente del resultado inmediato o de los cambios que sufrirá la dinámica de su relación tanto con el deporte como entre y con ellos mismos.

Como tantas de las películas de Guadagnino, es una expresión más que potente de esos sentimientos universales de la juventud. En este caso lo lleva más allá explorando a su vez cómo esas explosiones de sensaciones repercuten con sus ecos en la posterior adultez. Todo en gran parte gracias a un excelente guión que plantea un juego para el espectador no solo desde su diálogo sino incluso con algunos códigos gestuales entre sus protagonistas que una y otra vez van a proponer que uno se anime a tener un rol activo en lugar de acomodarse pasivamente en la butaca.

Ciertamente la dirección de Guadagnino, combinada con la adrenalínica banda sonora de las eminencias que ya son Trent Reznor y Atticus Ross, se encargan de que el entretenimiento superficial pague con creces el interés de millones que se ganó con un simple clip de tres actores sentados en una habitación de hotel. Pero aún así, ese ida y vuelta de analogías y tan apasionadas disputas los años previos a este gran partido va a proponerle a su masiva audiencia que intenten responder algunas de las tantas preguntas que la película solo responde cuando uno devuelve con algo de esfuerzo la propuesta de ir más allá de lo superficial. En el buen cine las temáticas no se limitan a simplemente complementar la trama sino que la narrativa sólo está completa cuando el espectador logra explorar ambas.

«Challengers» se gana un lugar en el ya bastante nutritivo canon de películas de tenis, un deporte que evidentemente fascina particularmente a cineastas que encuentran inspiración para hacer algunos de sus mejores trabajos en unos niños ricos dedicando su vida a una práctica algo ridícula en medio de una industria que mueve billones de dólares y apasiona a millones de personas. Quién sabe por qué.

Puntaje: 


 

 
Tráiler:

 

Leandro Porcelli

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