Crítica de «En la zona gris» de Guy Ritchie (2026)
Hace años que las películas de Guy Ritchie habían perdido parte de su personalidad. El director de «Snatch» (2000) y «Lock, Stock and Two Smoking Barrels» (1998) parecía haber perdido el rumbo con películas como «King Arthur: Legend of the Sword» (2017), la adaptación live action de «Aladdin» (2019) para Disney y varios trabajos menores que no se condecían con el estilo característico que había definido su cine durante los años ’90 y principios de los 2000: un montaje frenético, una estética videoclipera y relatos plagados de personajes excéntricos.
No obstante, sus últimos esfuerzos cinematográficos parecen haber encontrado nuevamente el cauce. Con thrillers de acción sólidos y vibrantes, como «Wrath of Man» (2021), propuestas que remiten a sus primeros trabajos, como «The Gentlemen» (2019), y relatos más volcados a los personajes que, sin alcanzar su mejor versión, resultaban igualmente entretenidos, el director británico volvió a demostrar que todavía tenía recursos para recuperar su identidad autoral.
Ahora llega el turno de «En la zona gris», película protagonizada por Eiza González, Jake Gyllenhaal y Henry Cavill. El film mezcla el heist movie —o cine de atracos— con el thriller político y vuelve a demostrar el buen pulso de Ritchie para construir relatos protagonizados por personajes moralmente ambiguos, inmersos en un mundo de corrupción, engaños y toda clase de trucos sucios.
El largometraje se centra en Rachel (Eiza González), una abogada que trabaja para una gran corporación financiera. Su área de expertise es la recuperación de activos. Bobby Sheen (Rosamund Pike), una importante banquera de la firma, requiere de sus habilidades para recuperar una deuda de mil millones de dólares de las manos de Manny Salazar (Carlos Bardem), un magnate ligado a negocios turbios que no está dispuesto a devolver el dinero. Ahí es cuando Rachel acude a dos especialistas llamados Bronco y Sid (Gyllenhaal y Cavill) para cobrar el monto mencionado en este tipo de situaciones —escenarios que remiten a la zona gris del título, entre lo legal y lo ilegal—. Entre los tres arman un equipo encubierto con agentes de élite que deberá enfrentar a Salazar en una isla de su propiedad, donde maneja a su antojo a las autoridades locales. Esta misión suicida comienza como un atraco y se va convirtiendo en un juego de ajedrez letal.
Ritchie parece desenvolverse como pez en el agua en este terreno entre el thriller y la acción, con personajes eclécticos y carismáticos. No obstante, a nivel visual y argumental hay algunos desbalances que no terminan de redondear lo que podría haber sido una historia de mayor vuelo. Durante gran parte de la película, los protagonistas parecen tener todo fríamente calculado y no dar la sensación de estar en peligro real, lo cual le quita algo de emoción al relato. A su vez, la trama puede resultar algo predecible. Sin embargo, el trabajo de montaje, la sólida puesta en escena y el carisma de sus personajes hacen que «En la zona gris» termine siendo un viaje sumamente entretenido.
Probablemente no se trate de lo más destacado de la filmografía de Ritchie; sin embargo, vuelve a confirmar la levantada que viene mostrando desde hace varios films, en los que pueden verse algunos destellos de lo que supo ser uno de los directores británicos más destacados.
Puntaje:
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Martín Goniondzki

