Crítica de «Belén» de Dolores Fonzi (2025)
Todos los años se elige una película para representar al país en el camino hacia los Oscars. El trayecto es largo y requiere de una fuerte competencia con filmes de todo el globo. Muchas veces la Argentina llegó a las instancias finales, ganando incluso dos premios con «La historia oficial» (1985) y «El secreto de sus ojos» (2009), mientras que otras veces no logró su objetivo principal. Lo fundamental es que no se trata solamente de conseguir el galardón mayor, sino también de adquirir cierta visibilidad para el cine nacional, que hoy por hoy y en el contexto que estamos viviendo, adquiere un valor aún más relevante.
Este año la elegida fue «Belén», a los pocos días de haber sido estrenada comercialmente en los cines argentinos mientras que también se encontraba participando del Festival de Cine de San Sebastián (y que su protagonista Camila Plaate ganó un premio a Mejor Interpretación de Reparto). Y a pesar de que había otras buenas candidatas, pesó la solidez de una historia real, fuerte, universal, con la que cualquier mujer se puede sentir identificada e interpelada, como también un guion que propone una narración potente y equilibrada, que a pesar de tocar una temática sumamente dramática mantiene un humor muy local.
Basada en hechos reales, «Belén» cuenta la historia de una joven tucumana (interpretada por Camila Plaate) que una noche de 2014 llega al hospital con fuertes dolores abdominales. Sin saber que estaba embarazada y que acababa de tener un aborto espontáneo, rápidamente es apresada bajo la acusación de homicidio agravado por el vínculo. Tiempo después, la abogada Soledad Deza (Dolores Fonzi), junto a un equipo de colaboradoras, se interesa por el caso y hará lo imposible para probar su inocencia y conseguir su libertad.
Para analizar este film podemos hacerlo en dos planos. Por un lado la historia en sí que comprende una trama potente, basada en hechos reales que siempre suma credibilidad y fuerza, y que además nos retrotrae a uno de los casos emblemáticos de la lucha feminista por generar justicia y legalizar el aborto, sobre todo en una sociedad conservadora como lo es la tucumana. Allí comenzó un movimiento para visibilizar las injusticias vividas por una gran cantidad de mujeres que se encontraban en situaciones similares, mostrando sororidad, empatía y búsqueda de justicia por parte del pueblo.
Pero más allá de ser una historia necesaria que vale la pena ser contada, sobre todo en contextos como el actual donde muchos derechos se empiezan a cuestionar en un sector de la sociedad y existe un riesgo latente de que algunas leyes puedan volver para atrás, la película funciona como producto audiovisual, ofreciéndonos un relato sumamente conmovedor que interpela al espectador. Lejos de centrarse en el drama y el dolor de la protagonista, se posa en esa lucha altruista característica de nuestro país que termina dejando una buena sensación en el público. Sí, puede reinar la injusticia en varias oportunidades, no tener los tiempos más adecuados y tomar caminos alternativos, pero con esfuerzo, constancia y personas que están dispuestas a poner el cuerpo por los demás todavía hay esperanza.
El guion escrito por la propia Fonzi junto a Laura Paredes (que también actúa) está muy bien trabajado, sobre todo la construcción del tono que mantiene el film. Como decíamos, podría haber sido fácil caer en sentimentalismos. Pero más allá de tener un inicio sumamente fuerte y dramático, el resto del relato mantiene un tono mucho más «bélico» que lacrimógeno, con varios toques de humor necesarios para una historia tan cruda. Muchas veces estos momentos sirven para mostrar la ineficacia o falta de voluntad de la justicia, el machismo y el ingenio argentino. Puede ser que su estructura sea un tanto más clásica, que se mueve por algunos clichés del drama judicial, pero esto no le quita mérito a su trabajo.
Tampoco lo hace el hecho de tener por momentos una construcción un tanto despareja de sus personajes. Algunos secundarios que comienzan teniendo un peso más importante luego desaparecen, como el personaje de Julieta Cardinali que interpreta a la primera abogada de Belén, el de Lili Juárez que encarna a una madre desesperada por justicia o incluso el propio Luis Machín como el juez que impide que la causa se desarrolle. También Camila Plaate como Belén se queda un poco en la superficie, sin ahondar en su vida personal más allá del caso que la llevó a quedar presa. Pero también convengamos que la mayor parte de la cinta se posa sobre la figura de Dolores Fonzi, esa abogada aguerrida, valiente, insistente y que contra toda amenaza lucha por sus ideales y una sociedad más justa.
Lo positivo de la película también, es que se le buscó dar voz a artistas tucumanos como las ya mencionadas Plaate y Juárez, Sergio Prina como el marido de Fonzi, Ruth Plaate como su hermana, entre varios secundarios, para conformar un elenco variopinto, coral y local como la trama ameritaba, que hace un gran trabajo para llevar adelante esta historia sentida y personal.
En síntesis, «Belén» tiene todos los condimentos para ser una película exitosa y que puede representarnos muy bien fuera de nuestro país. Cuenta una historia real emblemática para la lucha feminista y la ley de la interrupción voluntaria del embarazo, logra equilibrar el tono dramático con una fuerza y humor muy atinado y presenta un elenco que le pone el cuerpo y el corazón para que todas esas sensaciones se transmitan. Un film que funciona como denuncia social, que moviliza, interpela y que trae un dejo de esperanza de que si nos unimos como sociedad podemos conseguir lo que nos propongamos.
Puntaje:
Tráiler:
Samantha Schuster

