CINE

Crítica de «Proyecto Fin del Mundo» de Phil Lord y Chris Miller (2026)

Tras más de una década, el dúo de Lord y Miller vuelve a estrenar una película como directores. Lejos quedaron los éxitos de «Cloudy with a Chance of Meatballs», «21 Jump Street» y «LEGO Movie», siendo ahora más asociados con el despido que sufrieron de la accidentada «Solo: A Star Wars Story» y, por supuesto, el mega éxito como guionistas de la saga de Spider-Verse. Es una pena haber esperado tanto tiempo por otro film beneficiado por su excelente ritmo y energía, aunque en este caso la espera parece haberlos envalentonado a emplear sus talentos para abrirse paso a terrenos mucho más ambiciosos.

«Project Hail Mary» nos arroja a una narrativa paralela en la que vemos cómo un astronauta despierta solo en una nave espacial sin recuerdos de quién es o cómo llego ahí, mientras iremos descubriendo a su par el camino que lo llevó de una simple aula de primaria a ser la última esperanza de la humanidad. Ryan Gosling protagoniza con ese carisma y humor que lo caracteriza, acompañado por una Sandra Hüller («Anatomy of a Fall», «Zone of Interest») que lo complementa a la perfección con una frialdad tan seca como simpática.

El otro protagonista del filme seguramente sea un punto de venta por cuestiones de marketing, aunque sin dudas tendría mejor impacto si se le permitiese ser una relativa sorpresa. Llevado a la pantalla gracias a una colaboración de efectos especiales y un trabajo de marioneta en el set, Rocky consigue ocupar sin muchas incomodidades ese tono entre el robot de «Interstellar» y una «mascota» típica del cine post «Minions». Ese es el espacio tan particular en el que se extiende la peli, entregando humor y entretenimiento a la altura del trabajo de Lord y Miller pero intentando sentarse en la mesa de los más exitosos films de ciencia ficción de la década pasada. Con algunos puntos en común a grandes rasgos con la ya mencionada «Interstellar», «Gravity» e incluso «Arrival», pero obviamente rebosante de humor como la adaptación de «The Martian»; otra adaptación de una novela del mismo autor.

También podría resumirse como una mezcla pochoclera que aliviana los excesos de pelis como «Sunshine» o «Mickey 17». El resultado es menos especial aunque con esa solidez cómoda para las audiencias generales, combinando esa búsqueda por la desesperada salvación de la humanidad en las estrellas pero dependiendo de un personaje que subvierte toda expectativa de esa pesada tarea. El Dr. Grace interpretado por Gosling comienza confundido en el espacio y nunca se saldrá totalmente de ese estado, incluso cuando nos sea revelado como un genio irreverente devenido a maestro de primaria pudo terminar sacrificando el resto de su vida en un proyecto que depende de que sea algo que nunca podrá ser: el héroe definitivo y cliché de tantas ficciones anteriores.

Pero sorprendentemente es uno de los nombres menos despampanantes pero más importantes de esta cinta quien termina definiéndola. El guionista Drew Goddard («Buffy», «Cloverfield») logra adaptar el humor del autor original con resultados menos irritables que en «The Martian», aunque no hace demasiado por deshacer una estructura que no le hace tantos favores a la narrativa. La historia paralela del presente en las estrellas y el pasado que llevó al Dr. Grace ahí nunca cuaja de una forma que resalte las bondades de ambas líneas temporales. Y aunque la dupla Grace y Rocky va a ganarse fácilmente a su audiencia, son esas estructuras las que no le permiten al film ser más que sus excelentes ingredientes. Quizás si Goddard se hubiese permitido emplear con mayor profundidad esa creatividad que lo caracteriza en lugar de atenerse a adaptar el libro original, podríamos estar hablando de algo más que una gran peli de un muy buen libro.

En resumen, «Proyecto Fin del Mundo» es una divertida aventura de ciencia ficción con un pie en el drama realista y otro en las más fantásticas aventuras esterales. Consigue tener varias fortalezas de los puntos más altos que el género alcanzó en la gran pantalla en los últimos 20 años, pero emplearlas con un tono de comedia pochoclera a más no poder. El resultado nunca termina de ser superador, faltándole poco para poder codearse con algunas de las grandes obras nombradas en esta reseña, aunque eso no le quita demasiado a una película que sin dudas será una de las mejores veladas en lo que a cine de espectáculo se refiere para este año. A veces no hay que pedirle tanto a una peli, con regalar varias risas y salvar al mundo alcanza.

Puntaje: 


 
 
 
Tráiler:

 
Leandro Porcelli

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