Crítica de «Sin Piedad» de Timur Bekmambetov (2026)
Una de las obsesiones más recientes de la humanidad está vinculada al uso de la IA en la vida cotidiana, en el trabajo y básicamente en cualquier proceso transformador que nos rodee. Más allá de ser una herramienta poderosa, todavía es difícil cuantificar sus beneficios y sus desventajas porque, como todo avance tecnológico, trae aparejado algunas cuestiones morales y éticas. «Sin Piedad» se hace algunas preguntas acerca de la implementación de este recurso, aunque no llega a un nivel de profundidad demasiado inspirado, sino que se conforma con ofrecer un divertimento pasatista con cierto grado de ingenio.
En un futuro (aparentemente no muy lejano), la ciudad de Los Ángeles parece estar completamente azotada por los crecientes niveles de criminalidad, el consumo de drogas y una especie de segregación que se da entre los sectores más acaudalados de la ciudad y los más pobres, los cuales son denominados como «zonas rojas». En ese contexto adverso, las autoridades deciden darle luz verde a un programa llamado «Mercy» (que se traduce como «Piedad» y es el título original del largometraje), donde la inteligencia artificial es la encargada de ejercer el rol de juez, jurado y verdugo en un escenario donde el presunto criminal tiene solamente 90 minutos para demostrar su inocencia antes de ser ejecutado. En el corto plazo, el programa bajó las tazas de criminalidad, pero los problemas aparecen cuando Chris Raven (Chris Pratt), un detective de la policía, principal impulsor de este sistema, despierta inconsciente y esposado a la silla de este tribunal, donde la IA (Rebecca Ferguson) le explica que se le está culpando del asesinato de su esposa (Annabelle Wallis) y tiene solamente una hora y media para demostrar su inocencia. A partir de ese momento inicia una carrera contra el reloj donde el detective intentará, por medio de la tecnología, desentrañar la misteriosa muerte de su mujer.
El film utiliza una técnica similar a la de «Buscando» (2019) y «Desconectada» (2023), donde si bien en esas películas todo pasaba en la pantalla de una computadora, y se veían videollamadas, chats y demás recursos audiovisuales presentes en una notebook, acá es algo similar ocurriendo en realidad aumentada en el lugar donde sucede el juicio. Allí veremos material de lo que se ve en redes sociales, las cámaras de tránsito, los drones, las bodycams de los policías norteamericanos y demás recursos que componen esta técnica narrativa que fue denominada como «screenlife» (vida en pantalla). A su vez, tenemos un escenario de sci-fi que remite (aunque de una forma mucho más rudimentaria) o tiene cierto aire a la propuesta de «Sentencia Previa» («Minority Report») –2002- aunque sin la solvencia o el sustento de Philip K. Dick.
Chris Pratt se entrega al 100% al concepto de la película e intenta compensar algunos desatinos que sufre el relato en cuanto al guion. Si bien Bekmambetov logra mantener la tensión y el interés del espectador con una escueta puesta en escena, apoyándose más que nada en el CGI que a veces satura un poco la imagen, y en un montaje frenético que por momentos marea ante tanto recurso de pantalla dentro de pantalla; la película sufre en algunos pasajes, especialmente llegando al final, donde plantea algunos giros demasiado inverosímiles o tirados de los pelos.
«Sin Piedad» presenta un planteamiento interesante de ciencia ficción que se yuxtapone con un caso policial bastante elemental que vimos en varias oportunidades. Incluso la falta de profundidad en toda la parte social que trae aparejado el sistema de la película, no logra darle dimensión o mayor vuelo al film. Aun así, el resultado no llega a ser del todo decepcionante y consigue entretener mediante sus bajas pretensiones y su espíritu de relato pasatista al estilo serie B.
Puntaje:
Tráiler:
Martín Goniondzki
