CINE

Crítica de «Teléfono Negro 2» de Scott Derrickson (2025)

Hace mucho que el terror se estableció como el género que más películas originales ofrece a sus audiencias. Los presupuestos acotados permiten oportunidades y le exigen a los cineastas algo de creatividad, pero otra consecuencia de esto es que pueden resultar en algo incluso más extraño hoy en día: la secuela de una película original. La primera «Black Phone» fue una agradable sorpresa de la mano de Scott Derrickson («El Exorcismo de Emily Rose», «Doctor Strange») y el hijo de Stephen King, por lo que esta segunda parte es recibida con intriga gracias a repetir todos los nombres importantes de la primera. Lo único que quedaba era ver si estaba a la altura o solo serviría para bajarle el precio a lo que había sido un gran thriller sobrenatural de terror preadolescente.

Al salvar Gwen (Madeleine McGraw) a su hermano de las garras de The Grabber (Ethan Hawke), ahora es vista como una chica rara con sueños premonitorios, mientras que su hermano Finn (Masom Thames) lidia como puede con las cicatrices psicológicas de tantos días en ese sótano recibiendo llamadas de víctimas anteriores del secuestrador en el titular Teléfono Negro. Pero parece que los espíritus no terminaron de comunicarse con los hermanos ya que algunos niños muertos empiezan a aparecer en sueños e incluso la madre ya fallecida de ambos los llama a través del tiempo y más allá desde un campamento cristiano en el que trabajó cuando era joven. El resultado es que ambos terminarán atrapados por una tormenta en ese mismo campamento, siendo rehenes junto a otros pocos personajes de un Grabber dispuesto a vengarse desde el otro mundo.

Uno de los pilares más valiosos de la primera parte era la química entre los hermanos protagonistas, y afortunadamente pegar el estirón no afectó negativamente su talento actoral. McGraw y Thames ahora le brindan a sus personajes esa profundidad extra típica de la adolescencia, inyectando un poco de melodrama a lo que sigue siendo un guión bastante sobrio incluso con sus vueltas de tuerca sobrenaturales. Mientras que Finn ahoga su soledad con marihuana y auriculares, Gwen va a aceptar la compañía de un admirador en la forma de Ernesto; interpretado por el mismo actor que hizo de su hermano en la primera película, siendo una de las víctimas que llamaba a Finn. Estas necesidades de conexión van a ser el foco de la historia, mientras la trama se enfoca en el misterio de los tres niños con los que Gwen sigue teniendo sueños sangrientos.

El escenario cliché de película de terror en campamento de verano tiene un giro interesante al tratarse de un retiro cristiano para jóvenes complementamente congelado y bajo nieve. Se aprecia que Derrickson y Hill procuren mantener cierta frescura con ese tipo de detalles, siendo que ambos deben tener muy en claro que los fans de terror exigen a la vez nuevas perspectivas pero siguiendo fórmulas ya clásicas. Gracias a esfuerzos como ese es que esta secuela un poco más ambiciosa puede usar por ejemplo una estructura a lo Freddy Krueger para entregar sus sustos. De eso se encarga la excelente dirección de Derrickson, particularmente el uso como en la primera peli de granos estilo fílmico en los sueños, al igual que la potente presencia secundaria de un Ethan Hawke que consigue pulir un poco más un rol que entre ambos films termina consolidándose de forma memorable.

Ese es el mayor mérito de esta segunda parte, no solo justificar el continuar la historia sino conformar una sólida duología en la que ambas partes se sienten de igual importancia. La otra cara de esto es que la mayoría de sus falencias corresponden a varios elementos nuevos, con personajes muy simplones o un guión que no logra trascender las necesidades mecánicas de ser una secuela. La transición al satisfactorio clímax es bastante floja, mientras que algunos momentos de melodrama muestran las falencias en la dirección de Derrickson cuando no se trata de generar tensiones previas a potenciales sustos. Más allá de eso, es una recomendación sencilla para quienes disfrutaron de la primera.

Puntaje: 

 
 
 

Tráiler:


 
Leandro Porcelli

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