CINE

Crítica de «Paprika» de Satoshi Kon (2006)

Satoshi Kon es uno de los genios más importantes y particulares del cine de anime. Aunque audiencias generales pueden ubicar más fácilmente al maestro Hayao Miyazaki de Studio Ghibli, nombres como el de Kon no están lejos en la estima de los fans más especializados. Por primera vez en nuestro país llega a los cines su última obra antes de su prematuro fallecimiento, una película que exprime el imaginario animado regalando una de las mejores experiencia del medio hasta la fecha.

Una empresa está a punto de completar un aparato que permite ingresar a los sueños de pacientes para tratamientos psiquiátricos cuando el equipo encargado de su desarrollo se entera de un robo interno. Varios empleados empiezan a verse afectados, y mientras que el presidente de la compañía insiste en terminar con el proyecto un pequeño grupo intentará dar con los equipos robados y revelar cuál de sus colegas fue el culpable mientras saltan entre realidad y el mundo onírico.

El nombre del film está dado por una de las científicas a cargo del equipo de sueños o mejor dicho su alter ego, que toma el control una vez ingresa al mundo de los sueños para encargarse de asistir a algunos selectos pacientes en una especie de prueba piloto no oficial. Con esas subtramas paralelas que se volverán importantísimas con el correr de los minutos, Kon nutre una estructura narrativa y premisa construidas a la perfección con un elenco de personajes tan entretenidos como interesantes. Uno tranquilamente podría perderse en la proeza visual que alcanza en cada uno de sus proyectos, pero sería un error descuidar que la maestría de Satoshi no solo se extendía al guion sino que nacía de esa etapa previa a todo el trabajo de animación.

En internet es un autor que se ha hecho renombre como víctima de algunos directores occidentales demasiado «inspirados» en su trabajo, como el caso de Aronofsky o Nolan, pero aunque ellos plagiaron ampliamente algunas de sus pelis también le dieron un polémico alcance extra a su legado. Una de las mejores cosas de «Paprika» es que aparte de servir como el magnum opus de un maestro de la animación que nos dejó demasiado pronto, también es (como tantas otras obras maestras del séptimo arte) una carta de amor al cine y una bombástica declaración de moral política a la vez.

«Paprika» es un visionado obligado para todos los fanáticos de la animación y del cine en general, una fiesta a la que es necesario asistir a lo grande por lo que es una verdadera bendición esta suerte de estreno/re-estreno en pantalla grande. Una de esas obras cumbre para ver, repasar, re ver y recordar hasta que nos toque sentarnos en el trono nostálgico de nuestro propio desfile interminable.

Puntaje: 


 
 
 
Tráiler:

 
Leandro Porcelli

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