Crítica de «Marty Supremo» de Josh Safdie (2026)
Las películas cuyo título refieren al nombre de su protagonista siempre tienen una cuota de ego y también de riesgo. ¿Confían en que al público le intrigue lo suficiente como para buscar de qué se trata sin un título que indique más que el nombre de su personaje principal? ¿Será un personaje tan interesante como para valer nombrar así el proyecto o es que la película alrededor no ofrece nada para generar un título mejor? Todos tenemos en la cabeza algunos casos súper exitosos pero la cartelera también se llena con una buena cantidad de ejemplos que pasan sin pena ni gloria. En este caso, la audiencia tendrá la fortuna de presenciar una experiencia que si de algo está repleta a montones es de ego, riesgo, pena y gloria.
Marty es un joven trabajando temporalmente en la zapatería de su tío con la esperanza de ganar lo suficiente para ir al siguiente gran premio de tenis de mesa, en el que espera consagrarse no solo como ganador sino incluso la cara visible del deporte. Grandes ambiciones teniendo en cuenta que en aquellos primeros años de la década del ‘50 los premios de ping pong distaban bastante de ser «grandes» realmente. Pero para Marty no importa las dudas que le plantean externamente y esta es la historia de cómo una voluntad inquebrantable puede llegar a niveles extremos para lograr objetivos que sólo él puede ver posibles, embarrando lo típico del cine deportivo con un personaje dispuesto a ensuciarse por completo para alcanzarlos.
En el medio de su lucha económica por alzarse con la relativa gloria deportiva empezará a verse con una ex estrella de Hollywood retirada (Gwyneth Paltrow), pondrá en riesgo el matrimonio de su mejor amiga de la infancia (Odessa A’Zion), robará perros, estafará amigos y extraños pero sobre todas las cosas va a estar dispuesto a quemar todo puente posible para llegar a esos torneos. En esas tensiones nacidas del propio protagonista puede verse claramente ese ADN Safdie en la tradición de «Good Time» o «Uncut Gems»; a pesar de ser este el primer esfuerzo en solitario de Josh tras que Benny haya hecho lo propio con «The Smashing Machine» el año pasado. Aquel nuevo rebranding fallido de The Rock ofrecía limitados destellos del talento de los hermanos pero esta peli es sin dudas lo más cercano a volver a disfrutar un proyecto hecho por ambos.
La película tiene ese ritmo característico de tensión rampante y un trabajo de cámara frenético por momentos, pero el esfuerzo de Josh no fue solamente recapturar ese estilo compartido sino remoldearlo en una experiencia igual de valorable pero más estructurada a las narrativas deportivas o estilo biopic que tan fáciles de ver resultan para el público en general. El resultado es un pochoclo para las masas pero con desbordante personalidad, que se atreve a sorprender y satisfacer por partes iguales agregando incluso algunos destellos de locura en la forma de varias escenas inmensamente memorables. Tiene una larga duración que en sus peores momentos solo se sostiene con entretenimiento pero comienza y termina con una proeza cinematográfica que la eleva a una de las mejores pelis sea del 2025 o 2026, dependiendo en qué país se cuente su estreno.
Aparte de disputarle a «Uncut Gems» ser la mejor peli de alguno de los hermanos Safdie, e incluso a «One Battle After Another» ser la mejor peli del año pasado, «Marty Supreme» es otro triunfo en la todavía joven carrera de un Timothée Chalamet que parece haber mimetizado su personalidad con la de este memorable personaje al igual que hizo hace unos años Austin Butler con Elvis. Pero más allá de cuantificar el éxito de un filme o jugar a la futurología de legados y la industria, esta es una de esas películas que podrían volarte la peluca incluso en una tablet pero que en pantalla grande se convierten en esas experiencias memorables que trascienden con creces el precio de una entrada.
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli
