CINE

Crítica de «Nuestra cosa perdida» de Martina Cruz (2026)

Los espectadores que «no son de ver documentales» suelen tener en la cabeza una falsa idea de documental informativo y estéril que se limita a la funcionalidad, pero los documentales más exitosos combinan una claridad bien trabajada con algún sentimiento con el que resulta fácil conectar. La directora Martina Cruz nos comparte en esta película una reconstrucción de su ya fallecido padre a través de sus distintas facetas: hijo de una familia complicada, padre que complica a su propia familia, eterno aspirante a cineasta y reacio documentalista en la Antártica.

El disparador de la realización del filme fueron unas de las últimas palabras que le dijo a Cruz su padre: «No me puedo morir porque todavía no hice una película». Usando material de archivo familiar y parte de la colección de VHS que le dejó como herencia, se dispone entonces a preguntarse qué tipo de cine habría querido hacer su padre. En el camino decide también ayudarse con entrevistas a su madre y hermana, al igual que abordar el pasado que llenó la niñez de su papá con una violencia que incluso impactó con sus ecos la vida familiar de sus hijas.

El resultado es una radiografía extremadamente interesante sobre el lugar que las artes ocupan en la vida de todos los que buscan o encuentran en el un significado propio. Se revela entonces una figura paterna que intenta rescatarse cinematográficamente a sí misma y que este documental logra hacerlo de una forma tan romantizada como cruda a la vez. Hacia el final del trabajo hay una linda reunión que comparte la directora con las amistades de su padre, que se encargan de iluminar un poco una figura que a lo largo de los minutos fue denotando cada vez más sus lados menos bondadosos. Pero el corazón de este trabajo es la sinceridad con la que intenta crear una aproximación a una vida, con las dificultades innatas de abarcar incluso sus pasajes más oscuros sin perder de vista toda la luz emanada en ese costoso intento de ser.

Puntaje: 

 
 
 

Tráiler:

 
Leandro Porcelli

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