ENTREVISTAS

Entrevista con Juan Pablo Sallato y Nicolás Zárate, de «Hangar Rojo»

Tuvimos una charla con el director del drama chileno Hangar Rojo, Juan Pablo Sallato, y el protagonista Nicolás Zárate en el marco de esta edición del Festival de Cine Independiente de Buenos Aires. Participa de la Competencia Internacional de este BAFICI 27º, tras haber sido estrenada en el Festival de Berlín y habiendo ganado en el Festival de Málaga premios por Mejor Actor y el Premio Especial del Jurado de la Crítica. Un film que explora el drama interno que vivió el capitán Jorge Silva durante el golpe militar chileno de 1973, en blanco y negro, pero con los grises que pinta la moral dentro de instituciones que no deben olvidar que, a veces, defender el honor de la patria no es acatar las órdenes recibidas.

¿Cuándo surgió la idea de la película?

Juan Pablo: La historia llega a mí por el guionista, que era amigo de Fernando Villagrán, el autor del libro “Disparen a la bandada”, que es esta investigación exhaustiva que hizo sobre oficiales y suboficiales de la FACh (Fuerza Aérea de Chile) que fueron torturados por sus camaradas. Esta es la historia más conocida: la de Bachelet, que es el padre de Michelle Bachelet y, de hecho, muere en los brazos del capitán Silva, pero lo que me llegó sobre todo era la historia en minúscula. De estos personajes que no son grandes generales, sino que recibían las órdenes y tenían que ejecutarlas mediante la moral.

¿Que sea en blanco y negro también se dio desde el principio?

Juan Pablo: Desde el principio. Cuando leí el libro hay una parte en la que Fernando Villagrán dice que se levantó el 11 de septiembre para ir al Palacio de Gobierno a verlo y, desde ahí, le pareció que Santiago de Chile estaba en blanco y negro. De ahí viene todo un manual de estilo, un trabajo de puesta en escena que viene trabajándose con los años, pensándose como una película subjetiva que estuviese en el hombro de este capitán. De cómo lo planteamos eso, cómo hacemos sentir al espectador esta urgencia. Pensamos en reducirlo en tiempo, que sea 10 y 11 de septiembre nada más, e ir “limpiando” la historia. También de la época: todo lo que nosotros conocemos, lo conocemos con nuestros noticiarios de 16 mm, con esa textura.

Como yo vengo de una escuela de arte, quería que fuera una película sensorial, expresionista en cierta medida, y el claroscuro y los grises sirven como una analogía muy tácita del conflicto moral que está viviendo el personaje.

Entonces es la suma de las partes, incluyendo los diálogos con los actores, que se terminan dando ya en el inicio del rodaje. Obviamente, uno también descubre en el rodaje cosas, pero teníamos ya un marco teórico, visual y estético para lo que queríamos hacer y lo teníamos muy claro con el director de fotografía (que es un gran cámara y amigo). Queríamos que fuera este laberinto y como esta escuela se va transformando en un infierno. Que el espectador lo sienta con las herramientas que te entrega el cine: encuadres, sonidos y lo actoral.

¿En qué etapa se suma Nicolás al proyecto? ¿Cómo se construyó una interpretación tan física?

Nicolás: Bueno, yo fui el último en sumarme. Me pasó que cuando leí el guion quedé fascinado con la historia y, después, en las conversaciones con Juan Pablo, hicimos un match artístico, ideológico, estético y político ya desde la primera reunión que tuvimos; fue empezar a pensar no solo el personaje, sino todo lo que se quiere contar en la película.

Creo que es un director que te da mucha libertad, que te pregunta mucho también y que pone su propuesta, dejando que el equipo esté remando hacia ese mismo lugar. Logra hacernos sentir que todos estamos aportando en eso. Estuvimos viviendo en Mendoza tres semanas, dialogando desde que nos levantábamos, tomando mate y hablando de la película, hasta que nos íbamos a acostar conversando de las escenas que íbamos a grabar el otro día. Fue un proceso muy dialogado y muy colectivo, en el que todos éramos un poco parte del todo, entonces para mí fue súper amable en ese sentido: entender dónde está la cámara, saber que estábamos todos trabajando por una misma obra. Eso fue fundamental para hacer esta película.

También por el nivel de tensión que tenía el rol y de presión que se generaba, súper contenido por un equipo que se convirtió un poco en familia. No solo amorosa y cariñosa, sino también una familia artística. Bueno, las películas siempre deberían ser así, pero creo que en esta estaba muy claro lo que queríamos decir, a qué queremos apelar y tenerlo completamente claro para también ir descubriendo el momento. Fue un trabajo muy exquisito de hacer.

Hablando del estilo de dirección, ¿cómo se manejaba el set entre toma y toma de esta película con tantos silencios tensionantes? Y esta cuestión de búsqueda durante el rodaje la traslado al director: ¿cómo se manejaba esa búsqueda? ¿Reconsideraban duraciones de planos, por ejemplo?

Nicolás: Yo creo que el buen humor es fundamental en una película así. Juan Pablo ha hecho mucho cine y yo he hecho harto cine y teatro; el elenco tiene muchas películas. Creo que era un equipo con mucho oficio. Entonces, entre toma y toma, había puro humor, amor y un buen clima laboral de respeto. En los cortes podíamos conversar con el equipo sin una cosa tensional, no creíamos que estábamos haciendo algo como si fuera religioso, que no se puede tocar. Nosotros éramos más satíricos, pudimos ocupar el humor para cobijarnos y, obviamente, el pensamiento, porque estábamos muy pendientes de lo que queríamos hacer.

Juan Pablo: Sí, y la puesta en escena tenía un equipo con el que nos conocíamos. Con el director de foto hicimos muchos documentales y series documentales juntos, entonces creo que teníamos 300 jornadas compartidas. Nos conocemos muy bien y siempre supe que era el indicado para darle a la película esa libertad de seguimiento para que fluyeran las escenas largas. Algunas duraban casi 8 minutos, más o menos. También con la y el montajista, que son dos, ya había trabajado en una serie, entonces sabía que con ellos esas escenas largas las íbamos a poder trabajar para dejar que respiraran las acciones. Por eso los silencios, por ejemplo, esos tiempos de realidad que le dan humanidad y realismo a un mundo muy ajeno al nuestro. Para que se vea real también, como es la vida misma. Por eso el cómo se mueve la cámara, la profundidad de campo que tiene, que es muy como uno mira. Hacer sentir al espectador que está sobre el hombro de este capitán y que comparta lo que está sintiendo, piense lo que está pensando, para que eso salga de la pantalla y llegue hasta la humanidad de cada uno; cuestionarlo desde ahí y generar las preguntas que plantea la película finalmente. Siendo una de ellas qué haría uno en ese caso también, hay que pensarlo. Y qué haría un militar ahora.

Hacia el final, el protagonista vuelve a pasar por el mural que abre la película, que habla del honor y el servir a la patria, contrastándolo con el deber militar. Es una película sobre un tiempo tan lejano que parece llegar en el momento justo. Quería saber si esta película buscaba explorar el patriotismo y honor desde esa perspectiva, justo cuando en nuestros países hay fuerzas políticas que buscan volver a ejercer la opresión en nombre de la libertad. A toda Latinoamérica nos hermana un poco la historia en ese sentido.

Juan Pablo: Sí, yo creo que fue el mayor desafío de la película atreverse a entrar ahí. Porque no es fácil. De hecho, varios nos decían que venían con prejuicio a ver la película. Es fácil que se te pase la brújula, y humanizar sin expiación. Aquí entendíamos que, para tener un diálogo a la altura, había que tratarlo con altura también. Con la naturaleza humana, con todas sus grietas, grises, y dialogar desde ahí. Es como que dialogar desde los polos tiene como consigna gritar sin haber pensamiento al final. No hay reflexión.

Nicolás: No hay dialéctica.

Juan Pablo: Claro, entonces eso fue trabajo. Fue el desafío de años, yo diría. Pensarlo para llegar a esto en donde tengo todavía más preguntas que respuestas. Eso es lo que me gusta a mí del cine y del arte, que te genere eso. El poder que tiene, sobre todo el cine y la literatura, en esto de empatizar o poder vivir la vida de otro y entenderla.

Nicolás: Y al final nos hace preguntarnos por el presente que estamos viviendo. Una época en la que salen los fascismos nuevamente, donde todo este discurso de odio, de violencia, se vuelve como a ensalzar. Y nosotros también queremos contar esa contraparte sin volver al personaje un héroe épico; todo lo contrario: es más seco, parco, tiene grietas que lo humanizan. Uno podría estar en esa situación, eso es lo interesante.

Fue un desafío entrar y encarnar ese mundo que para nosotros siempre ha sido un espacio súper ajeno. Teníamos una visión política también al respecto. Yo me entrevisté con un médico que sí era de izquierda, porque el capitán Jorge no era de izquierda: era un constitucionalista. Y date cuenta de que en ese tiempo la milicia no estaba tan polarizada como hoy. Después del golpe de Estado, a todos los militares constitucionalistas o de izquierda los torturaron, los mataron, los exiliaron. Entonces, borraron ese espacio y recrearon esta milicia, que es una milicia súper polarizada, súper de derecha. Fue lindo entender desde ese lugar el mundo militar, un lugar de honor real como el del capitán Silva, que le avisó al presidente Allende que lo querían matar cuando asumieron el poder. No porque fuera alguien de izquierda, simplemente porque la Constitución dice que el que sea elegido presidente por el pueblo voy a defenderlo y voy a defender la patria. Es muy loco conectar con un espacio que no tenía para nada en mí. El militar de izquierda me decía: “Debería haber hecho el servicio militar, entendería mucho más”, pero yo vengo de una familia en la que no estaría permitido eso nunca. La polarización ahora de las Fuerzas Armadas es muy rotunda, por eso sería muy lindo que esta película también la vieran los militares. Poder sensibilizar esos corazones y esas mentes, poder hacer pensar a esas personas. Creo que eso sería maravilloso.

La película viene de ganar algunos premios en España. ¿Cómo fue su recorrido hasta ahora? ¿Qué le queda por recorrer?

Juan Pablo: La película se estrena en octubre en Chile. Agradezco tener ese tiempo para entender la película, intentar comunicarla de la mejor manera y traspasar esa barrera comunicacional. Porque eso, obviamente, no es fácil. Está el discurso de “otra película de dictadura, ¿hasta cuándo?”, pero yo creo que esta película realmente aporta algo distinto. Entonces tenemos tiempo todavía para dar ese salto y, bueno, lo vamos a pelear, pero ojalá logremos generar ese diálogo. Ojalá se dé esa conversación en Chile y que la vea la mayor cantidad de gente posible.

Leandro Porcelli

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