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Crítica de «Solo por una noche» de Will Gluck (2026)

Es usual que cada tanto algún anuncio de estreno inminente genere algo de ruido en redes debido a su premisa o trailer, y así es precisamente como de la noche a la mañana se hizo algo de fama «One Night Only». Con una premisa conceptual inmediatamente atrapante, la misma plantea una romcom entre Callum Turner y Monica Barbaro en unos Estados Unidos alternativos en los que el gobierno solo permite que la gente soltera tenga encuentros sexuales durante solo una noche cada año. Ridículo sí, pero también extrañamente norteamericano.

Por un lado, Owen (Turner) va a arrancar la jornada de mala manera, al enterarse que su pareja de hace años (Maya Hawke) planea aprovechar esa noche para acostarse con otra persona y lo invita a probar hacer lo mismo. Aunque el viaje de Allie (Barbaro) va a ser una experiencia mucho más corriente, sí plantea una de las cuestiones más llamativas de la película. Ella sale esa noche a conocer a una persona de forma bastante relajada para alguien que no puede compartir intimidad el resto del año. De hecho, luego de unos breves minutos de locura al inicio el resto de la película muestra gente comportándose a grandes rasgos de la misma manera que los solteros que salen en busca de sexo en nuestra realidad libre de restricciones de calendario. Es como si la gente de La Purga pasara todo el año sabiendo que esa noche su vida correrá particular peligro e igualmente decidan comenzar a prepararse para ella en el mismo día, en lugar de que vivan una realidad completamente marcada desde antes por ese importante detalle.

Si bien la parte de comedia romántica del filme mejora un poco cuando, como hace también la pareja protagonista, se supera un inicio algo incómodo; al construir su narrativa alrededor de una propuesta tan conceptual saltan mucho más a la vista cuestiones de guion poco ajustadas. El director Will Gluck escribió todas sus pelis («Friends with Benefits», «Anyone but You») menos su mejor filme («Easy A»), pero no es lo mismo construir un guion corriente que tener esa habilidad para expresar una realidad distinta de forma natural y poco forzada. En este caso «Sólo una Noche» emplea la sutileza de una patada en la cabeza para pintar una caricatura de los Estados Unidos que (de forma apta) se siente demasiado incómoda con lo sexual y demasiado cómoda acatando imposiciones sociales que afectan su salud y vida en general. Porque una de las cosas más sorprendentes de esta «inofensiva» romcom con premisa graciosa es que es un ejemplo perfecto de propaganda cultural inconsciente representando los valores de su país, incluso cuando cree estar haciendo un comentario (muy superficial) acerca de él como viéndolo desde afuera.

Por otra parte, si hay algo que es vital en las comedias románticas es el carisma y la química de sus protagonistas. En ese aspecto también hace bastante agua un Turner que tiene una simpatía algo tosca para alguien que es básicamente un modelo parlante, mientras que Barbaro maneja su personaje con naturalidad aunque sin lograr librarla de una zona un tanto genérica. Dicho eso la química entre ambos va creándose con el correr de la cinta, en una de las pocas ocasiones en las que actuaciones, guion y dirección conspiran para brindarle a la peli algo de solidez. Aunque ese buen progreso termina algo embarrado cuando se introduce una subtrama de «sueño con cantar pero me da vergüenza hacerlo frente a gente» digna de Disney Channel. Sorprendente aunque algo esperable siendo que es una película sin real interés en explorar su premisa al punto de abandonarla a grandes rasgos cuando está complica la realización de una romcom más simple y corriente.

A fin de cuentas, «Sólo por una Noche» podría ser una romcom casi decente más pero también esconde algo mucho más interesante: con el correr de las escenas se revela como una suerte de «La Idiocracia» irreflexiva que no parece entender que lo que plantea como entretenimiento y mensaje banal es en realidad una comedia romántica no muy graciosa pero profundamente enamorada de someterse en la vida diaria a los peores vicios que la cultura estadounidense confunde con valores. Una romcom tan yankee que es más anti-sexo que sobre sexo, reinvindicando en algún punto el celibato casi puritano y que acata el sometimiento social a niveles insalubres. Para entrar en un mínimo spoiler representativo, al final de la película una lección compartida entre los protagonistas es que ella debería estar contenta cantando jingles para productos en lugar de explorar sus intereses artísticos porque esa comercialización es en sí misma una conexión con quienes escuchan. Una reflexión realmente tan yankee como el pie de manzana.

Puntaje: 

 

 

Tráiler:

 

Leandro Porcelli

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