«Better Call Saul», un final perfecto para una serie perfecta

Es muy difícil ponerse a escribir algo de una serie que venimos hablando hace rato y que llegó a un nivel tan superior que es imposible decir algo diferente a todos los adjetivos positivos que le venimos atribuyendo.

La primera parte de la sexta y última temporada de «Better Call Saul» llegó en mayo de este año y por suerte no fue tanto lo que tuvimos que esperar para ver su continuación. Una segunda parte que empezó con todo, ofreciéndonos uno de los capítulos más intensos y con más acción de esta entrega. Ya en su recta final nos disponíamos a resolver algunos interrogantes que debían ser respondidos sí o sí para poder cerrar esta historia, como qué pasó con Lalo y Kim que no aparecieron en «Breaking Bad», o al menos no de forma física sino tal vez solo a través de algún diálogo, y qué fue de la vida de Saul Goodman luego de los sucesos de la serie madre, que a lo largo de estos seis años (o siete porque un año no estrenó temporada) fuimos viendo varios flashes al respecto.

A pesar de que podrían haberlo dilatado un poco para generarnos más tensión y expectativa, esta segunda parte inició de manera directa con bombos y platillos, presentándonos uno de los hechos más decisivos de la historia y que desencadenó una gran cantidad de consecuencias para los protagonistas. Los episodios que lo siguieron se volcaron más hacia el drama, ahondando en la relación entre Saul y Kim, en la esencia de cada personaje que, a pesar de las dificultades y los disfraces, siempre sigue ahí latente, y cómo continuaron su vida después del punto de quiebre.

Si veníamos destacando el trabajo que hicieron tanto Bob Odenkirk como Rhea Seehorn en las temporadas anteriores, esta segunda parte no hace más que enaltecer todo lo que vienen haciendo hasta el momento. Los planes, los engaños y las estafas sacaban a relucir su potencial, pero el costado dramático, los corazones rotos y las distintas elecciones de vida sin dudas ponen a prueba su capacidad actoral y lo superan con creces. 

Esto se le suma a la maravillosa composición de las escenas, a la fotografía (que en gran parte de esta continuación se prioriza el blanco y negro para mostrar el futuro) y las transiciones con un ritmo perfecto, que no funcionan solo para embellecer la imagen y otorgarle calidad, sino que también nos transmiten información. Le agregan mayor drama y tensión y nos dejan impactados por la creatividad con la que las presentan.

Tampoco podemos dejar de lado los cameos importantes que aparecieron en estos capítulos. Algo que se venía esperando desde hace tiempo y que ya nos habían adelantado que iba a suceder, entre alguna que otra sorpresa. La incorporación de Walter White (Bryan Cranston) y Jesse Pinkman (Aaron Paul) no solamente cumple con el lado más del fan service, sino que tiene una justificación narrativa de ser, no es un simple capricho para contentar a los seguidores. Sirve a modo de conexión entre ambas historias, para profundizar un poco más en el pasado y reflexionar sobre algunas decisiones determinantes. Pero también tenemos algunos guiños más sutiles, detalles más pequeños que nos sorprenden a la hora de conectar a «Better Call Saul» con «Breaking Bad», que tuvimos que estar muy atentos (o recurrir a las redes sociales) para poder darnos cuenta de estos vínculos que denotan un trabajo minucioso y planificado por parte de los creadores.

Y el final era una de las cosas que más podían preocuparnos. Si bien confiábamos en Vince Gilligan y su equipo, era difícil darle un cierre no solo a estas seis temporadas, sino a todo el universo de «Breaking Bad» (incluido «El Camino», la película sobre el destino de Jesse Pinkman estrenada en 2019). Pero por suerte no nos decepcionaron, sino que nos dieron una resolución a la altura, mostrando cómo Saul pudo haberse salido con la suya pero que priorizó romper con su personaje estafador, ese alter ego que había creado, y recuperar lo más importante que tuvo en la vida. Un final adecuado, complejo y romántico para el protagonista, pero que también le dieron la oportunidad a los distintos personajes principales para despedirse de la pantalla. Un capítulo emotivo, potente y más que satisfactorio.

En síntesis, esta última parte de «Better Call Saul» se dedica a atar los cabos sueltos que quedaban pendientes, a darnos las respuestas que necesitábamos y a comprobar, una vez más, que estamos ante una de las mejores series de la historia. Increíblemente es un spin-off de una serie igual de importante para la industria, que nos demostró cómo se puede hacer un producto de calidad que tenga todo: una buena historia, una manera de contarla llena de tensión, drama y suspenso (sobre todo cuando en muchos casos sabíamos cómo terminaban los personajes), una mezcla entre personajes conocidos y queridos y otros nuevos que aprendimos a querer, brillantes interpretaciones que se fueron volviendo más sólidas con el correr del tiempo, y unos aspectos visuales que no tienen nada que envidiarle al cine. Sin dudas el final perfecto para un universo de tantos años que quedará en el recuerdo como uno de los productos más logrados de la historia.

Tráiler:


Samantha Schuster

 

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