Crítica de «El otro hijo» de Juan Sebastián Quebrada (2023)

Simón y Federico son dos hermanos colombianos que viven su adolescencia como cualquier otro chico. Sin embargo, durante una fiesta Simón cae de una terraza. ¿Fue un suicidio o un accidente? «El otro hijo» va a posar su mirada sobre la familia y amigos de Simón quienes tratan de entender lo sucedido sin haber tenido señales para evitarlo.

Basada en la experiencia personal del propio director, Juan Sebastián Quebrada nos ofrece una ópera prima más que personal, íntima y con una gran sensibilidad para abordar el tema del duelo, la fortaleza, la vida que continúa y el tiempo que se estanca.

Como decíamos al principio, la película nos va a mostrar los distintos tipos de duelos que existen entre los seres humanos. No todos reaccionan de la misma manera ante una pérdida y no existen ni buenos ni malos comportamientos, simplemente reacciones a lo que nos pasa. Es así como su hermano Federico va a tratar de reprimir sus emociones y seguir adelante con su vida y su formación profesional, mientras que la madre entra en un estado depresivo y místico y el padre se obsesiona con descubrir qué fue lo que pasó y cómo se podría haber evitado. También aparece el rol de sus amigos y su novia, quien empieza a tener un acercamiento con Federico, tal vez porque ambos comparten el mismo grado de dolor y buscan en su compañía algún tipo de alivio.

El director no juzga a los personajes por sus formas de accionar, sino que se limita a observar lo que sucede, les da vía libre para mostrar (o no) sus emociones. El uso de planos cortos en la mayoría de las escenas realza esta sensación de intimidad con los protagonistas y la búsqueda de explorar sus sentimientos de una manera más cercana. También pone foco tanto en la oscuridad como en la luminosidad de las situaciones para mostrar el estadío por el cual están atravesando los personajes.

Gran parte del film se sostiene también por el buen trabajo actoral de su elenco. Miguel González se pone en la piel de Federico, un chico joven con un gran futuro por delante y que se pone en un rol de fortaleza para sostener al resto de la familia que no puede seguir adelante. Reprimir las emociones es una manera de no hacer realidad la situación y González logra contener sus sentimientos a lo largo de todo el film. Su contraparte es Jenny Nava, quien hace de su madre, la cual vive una de las pérdidas más dolorosas para un ser humano: la de un hijo, esas cuestiones que van contra la naturaleza. Existen algunas escenas en las cuales la actriz da todo de sí misma para mostrar ese sufrimiento atroz, generando en el espectador mucha empatía.

En síntesis, nuevamente podemos ver cómo el cine y el arte se pueden convertir en un gran canalizador de emociones y puede ayudar a transitar un duelo. No solo para el propio realizador, sino también para muchas personas que pueden estar pasando por una situación similar al ver el film.

«El otro hijo» es una película que es puro sentimiento. Que deja que sus personajes fluyan como lo harían las personas en la vida real. Una historia que se construye no solo desde su temática sino también desde sus intérpretes que le otorgan un valor particular a sus personajes y a los elementos técnicos que ayudan a contar la trama.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Samantha Schuster

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