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Crítica de «La Grazia» de Paolo Sorrentino (2026)

El nuevo film de Paolo Sorrentino («La Mano de Dios») ganó en Venecia el premio a Mejor Actor no solo por la interpretación de un gran Toni Servillo («Gomorrah»), sino por la composición en conjunto que la película realiza de un personaje realmente absorbente. En esta tercera colaboración de la dupla luego de «Il Divo» y «La Grande Bellezza» encontramos un retrato igual de potente pero mucho más meditativo sobre una figura envuelta en la cultura del poder italiano.

Un presidente ficcional comienza a atravesar los últimos meses de su mandato con la certeza de que el pueblo está más que contento con su labor, pero con varias cuestiones acechando su mente intranquila. Sobre la mesa esperan las decisiones finales que le quedan por tomar antes de dejar su cargo: firmar o rechazar una ley de eutanasia con lo que implica en un país tan religioso y decidir si le otorga el perdón a dos criminales que han cumplido gran parte de su condena en circunstancias muy diferentes. Aunque mientras los días pasan entre cigarrillos fumados en secreto, reuniones laborales con su hija y cenas con su mejor amiga, no puede sacarse una cosa de su cabeza: las memorias que le quedaron de su esposa ya fallecida y la sombra que ha dejado una infidelidad sufrida hace ya 40 años.

La interpretación de Servillo es espectacular. Consigue esculpir a la perfección una figura ya moldeada de forma evocativa desde el guion, lleno de firmeza y sabiduría pero a la vez plagado con inseguridades muy puntuales. Es ciertamente fantasioso ver a un hombre en la cúspide del poder abrirse a aceptar errores y mejorar su forma de ser, aunque es una fantasía a la altura de mostrar un político honesto e íntegro. El relato tiene toda la seguridad ganada por décadas de fuertes trabajos de su director, y muestra una confianza plena que resulta tan simpática como entretenida.

Es particularmente excepcional cómo el pulso experto de Sorrentino crea una narrativa de ritmo inmaculado, mostrándonos destellos y momentos del día a día de un presidente a la vez que hila conversaciones que parecen siempre profundizar en las mismas ideas aún cambiando lugares e intérpretes. Con breve minutos de pantalla Paolo nos muestra cómo una charla con su hija, una reunión con el Papa y un cigarrillo escabullido en la terraza por su jefe de seguridad le sirven al protagonista del combustible exacto para una introspección que lo llevará a buscar ese cambio en su forma de ser que tanto había temido encontrar.

En resumen, «La Grazia» es una historia que explora algunas verdades de la vida desde una fantasía reconfortante en la que la política sirve al pueblo y los hombres ambiciosos son superados por poderosos dirigidos por su brújula moral intacta. Una fantasía para adultos que se gana unas buenas risas pero mayormente propone un escenario ideal a la italiana para explorar qué nos mueve por la vida, y cómo merecemos poder vivirla.

Puntaje: 

 
 
 

Tráiler:


 
Leandro Porcelli

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