Crítica de «Street Fighter» de Kitao Sakurai (2026)
En los 90s la película live-action de «Street Fighter» le había ganado por poco la carrera a la gran pantalla a su rival norteamericano «Mortal Kombat», ahora 20 años después decidió darle unos añitos y hasta una peli de ventaja para continuar el combate. Las propuestas en cine de ambas franquicias de videojuegos suele venir de la mano aunque MK siempre se atiene a su particular violencia, por eso es que esta nueva «Street Fighter» decide apostar fuerte de forma arriesgada al particular tono asiático de mezclar la seriedad solemne con un absoluto ridículo explosivo.
Sin compartir sangre, Ryu y Ken se convirtieron en hermanos al entrenar artes marciales bajo su maestro en Japón pero todo empezó a cambiar cuando únicamente Ryu fue invitado al Gran Torneo de 1987. Ryu acabaría venciendo en la final aunque su maestro notaría que esa coronación vino con un gran costo al haber utilizado un poder tan antiguo como peligroso. Tras la muerte de su maestro ambos luchadores tomaron caminos diferentes hasta que años después les llega a ambos una misteriosa invitación por parte de alguien que desea reunir a los mejores luchadores del planeta para una nueva edición de ese torneo.
Esta es una película en la que conviven secuencias de acción muy coloridas y dinámicas con un sentido del humor demasiado pre-adolescente. Se toman decisiones narrativas acertadas, como la de entregarle protagonismo a Ken para permitirle así a Ryu mantener su seriedad intacta en medio de tanta comedia, pero no las ayuda lo suficiente como para llevarlas a buen puerto. Quizás su mayor virtud es que sus personajes se mantienen todo el tiempo en un tono caricaturesco, creando así un paralelismo inesperado con la mayoría de las adaptaciones live-action japonesas de videojuegos y anime en general. Los espectadores familiares con ese estilo pueden llegar a sentirse cómodos en el tono de esta peli, aunque el humor maneja un código tan inmaduro (especialmente en cuanto a la sexualidad en general) que se aleja bastante del potencial disfrute universal que suele tener lo caricaturesco.
Los fanáticos que entren a la sala con expectativas seguramente encuentren elementos que disfrutar, en especial lo que corresponde a los personajes. David Dastmalchian como M. Bison y Noah Centineo como Ken son las actuaciones más polémicas. Dastmalchian no logra dar en la tecla con su propuesta, aunque en todo momento funciona como antagonista, mientras que Centineo consigue convencernos de que valió la pena darle a Ken tanto protagonismo. El resto son versiones bastante fieles a los luchadores del videojuego pero por cada excelente versionado de Chun-Li, Honda y Dhalsim, la película también ofrece flojos Akuma, Balrog o un Eric André que realmente parece estar presente solo por ser amigo del director; habiendo trabajado juntos en el revolucionario «The Eric Andre Show» y la floja comedia «Bad Trip».
En resumen, la experiencia de ver esta nueva «Street Fighter» es la de luchar por encontrar momentos en los que poder disfrutarla por completo. Momentos aislados como algún diálogo apropiadamente solemne, una secuencia de gags hilados que funcionan o los muy buenos flashbacks animados, al menos hasta que la siguiente escena nos recuerde que esos momentos son la excepción. Sin dudas un éxito en el aspecto de acción y personajes, particularmente comparado con sus pares occidentales, pero su insistencia con la comedia de incomodidades adolescentes seguramente le cueste demasiados espectadores arrepentidos de poner sus fichas en esta peli.
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli

