Crítica de «The Souffleur» de Gastón Solnicki (2026)
Tener la presencia estelar del gran Willem Dafoe en un proyecto hoy en día es un privilegio para pocos. Con un carisma alternativo pero universal, dota cada uno de sus personajes con un sabor particular pero del gusto de cualquiera y en esta co-producción austríaco-argentina no se da la excepción. Lo único que resta por hacer entonces es rodearlo de un contexto que proponga un color a su altura o un contraste a su medida, cualquier alternativa es válida siempre y cuando haya una intención por producir algo interesante. O al menos eso es lo que se pone a prueba en este caso con «The Souffleur».
El encargado de un enorme y prestigioso hotel en Viena (Dafoe) transita los últimos días antes de que el mismo pase a ser manejado por su nuevo comprador, un empresario argentino (interpretado por el director Gastón Solnicki) que planea remodelarlo, modernizarlo y principalmente destruirlo. La película consiste en viñetas en las que el personaje de Dafoe comparte la parte más mundana de su trabajo con otros empleados del hotel, incluyendo a su hija, e incluso con el futuro dueño de lo que durante décadas fue no solo su hogar sino su vida entera.
Solnicki entiende muy bien la experiencia que el cine independiente puede entregar de la mejor manera, haciendo de esta una comedia de silencios en los que la incomodidad o extrañeza le ganan a las exuberantes carcajadas. Por un lado es ideal para aquellos acostumbrados a ese cine, pero por el otro no ofrece desde su comedia algo que realmente pueda ganarse demasiado a espectadores que no prefieran el nicho indie. La cámara de Solnicki crea retratos muy contenidos, abundantes de artificio en los que toda la responsabilidad de teatralidad descansa en el actor. En el caso de Dafoe esto termina regalando una de esas interpretaciones en las que el actor se permite ser tan creador como el cineasta detrás de cámara. Desafortunadamente el resto del elenco, incluyendo al director, distan bastante de ofrecer buenos resultados.
Una cualidad clave del sorprendente milagro que siempre son las grandes actuaciones de actores no profesionales es el haber sido dirigidos de forma experta por aquellos con la sabiduría de llevarlos por el camino correcto. En este caso Solnicki, quizás por una cuestión de idioma, demuestra no ser muy adepto a sacarle verosimilitud a este elenco híbrido de amateur y profesionales. Ni hablar de su actuación personal, que destruye cualquier chance de su personaje de ser algo más que un (malinterpretado o no) proxy de sí mismo. No parece haber sido la intención, ofreciendo si ignoramos un segundo quien lo interpreta un interesante reflejo de aquellos cuyos traumas infantiles no les permiten relacionarse con el mundo de otra forma que no sea destrucción disfrazada.
«The Souffleur» ofrece humor para pocos, aunque seguramente logre repartir alguna que otra risa con una experiencia particular pero no necesariamente exitosa. Fanáticos de Willem Dafoe pueden encontrar en ella un personaje interesante con el que resulta fácil conectar, pero la esterilidad buscada desde la dirección sumada a una narrativa que se rehúsa a construirse solo consigue generar destellos de algo parecido a lo que podría uno llamar disfrute. A veces no alcanza con ser algo interesante.
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli

