Crítica de «La Hora de la Desaparición» de Zach Cregger (2025)
En 2022 el director Zach Cregger logró con «Barbarian» uno de esos éxitos que marcan carreras. No solo por haber recaudado más de diez veces su presupuesto, sino por una recepción que festejó de forma universal la frescura que traía su visión al género. Parte de eso era cómo jugaba con la estructura narrativa pero también el boca a boca que se generó alrededor de la cinta como un visionado obligado cuanto antes para evitar todo spoiler posible. Lo cual nos lleva a esta nueva película, que de una u otra manera ya viene spoileada desde el vamos cuando se trata de «la nueva de ese director que fue una sorpresa hace unos años». ¿Cómo volver a sorprender cuando lo que esperan de vos es la sorpresa?, esa es la cuestión.
En «La hora de la desaparición» veremos cómo la vida de todo un pueblo cambia literalmente de la noche a la mañana cuando desaparecen en una misma madrugada casi todos los niños de una misma clase. La mayor parte del filme tiene lugar en las semanas siguientes al misterioso hecho, mostrándonos cómo quedó afectada la maestra del grado (interpretada por Julia Garner), los padres de los niños desaparecidos (uno de ellos interpretado por Josh Brolin) e incluso el único chico que quedó sin desaparecer.
La década pasada el auge del «elevated horror» nos acostumbró a que el género tenga un tono sumamente dramático, en contraste con lo que siempre fue históricamente un campo fértil para el entretenimiento juvenil. Ya con esta nueva película podemos decir que si bien Cregger entiende la importancia de que los hechos afecten de forma seria y verosímil a sus personajes, como autor prioriza la experiencia lúdica de su audiencia por sobre cualquier pretensión de prestigio en lo que son las formas. Chistes entre sustos, secuencias llenas de una iconografía inquietante mezcladas con estructuras narrativas poco ortodoxas; su cine propone que el espectador realmente no sepa qué es lo que va a ver a continuación en casi ningún momento. En ese sentido podemos decir que mantiene los ideales que hicieron a «Barbarian» tan celebrada, aunque hay también bastantes diferencias entre los proyectos.
En esta ocasión la cantidad de personajes tiene como consecuencia un guion mucho menos enfocado. En otra película, quizás una menos interesante, podría encontrarse cómo maniobrar esta extensión de elenco pero debido al gusto particular del autor por los saltos entre tiempo y personajes en sus narrativas el resultado final nunca logra cuajar del todo. Hay grandes películas en las que cuesta elegir un protagonista definitivo gracias al trabajo conjunto de la dirección, el guion y las actuaciones, mientras que en este caso el filme no logra alinear a sus mejores actuaciones con los roles más importantes de su narrativa ni con la cantidad de minutos que tienen en pantalla. No hay dudas de que el juego de tonos que propone Cregger no teme moldear una experiencia irregular, pero en este caso los ingredientes del relato no logran sacar el mejor sabor de su receta favorita. Aunque por supuesto, la realidad es que a la salida de la sala uno va a tender a enfocarse más en la hermosa locura que es el clímax final que en los varios detalles que podrían haber aguado demasiado la experiencia de una cinta más corriente.
A fin de cuentas «Weapons» no es excelente (algunos incluso discutirán si llega definitivamente a ser buena) pero gracias a una estructura que cultiva la intriga y algunos momentos de frescura que seguramente queden en la mente del espectador, es un hecho que consigue conjurar suficientes encantos como para que cualquier valoración se quede corta. Una visita obligada al cine para cualquiera con ganas de vivir la que sin dudas será una de las experiencias cinematográficas del año, no por nombres o presupuesto sino por el puro ingenio y la impura diversión con la que está concebida. Si con «Barbarian» Cregger declaró que era capaz de capturar un rayo en una botella, con «Weapons» decididamente nos avisa que incluso dando pasos menos firmes consigue brindarnos una película que vale la pena ver.
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli

