Crítica de «Backrooms: sin salida» de Kane Parsons (2026)
«Backrooms» es uno de los estrenos que más ruido viene haciendo y se debe en gran parte a que se trata de la ópera prima de un incipiente youtuber de 21 años. Es natural que cualquiera arriba de los 30 sepa poco y nada de esta adaptación a la gran pantalla de una serie web basada a su vez en un creepypasta (leyendas no urbanas de la internet), aunque eso puede también indicar que no encuentren demasiado que disfrutar en esta película. Una de terror con detalles de ciencia ficción que, a pesar de lo que podría indicar su calificación para mayores de edad o la momentánea violencia en pantalla, está hecha por y para jóvenes pre adultos.
La cinta arranca siguiendo las desventuras del dueño de una tienda de muebles (Chiwetel Ejiofor) cuya vida se encuentra cuesta abajo. Luego de comenzar a dormir en una de las camas de muestra en su local después de perder su casa en el divorcio, termina descubriendo una suerte de portal hacia un espacio misterioso que parece extender una versión desconfigurada de la tienda. Es entonces cuando su terapeuta (Renate Reinsve) decide comprobar cuánto de todo esto es un preocupante desvarío por parte de su paciente.
Todo el filme está envuelto de esa ambientación de intriga artificial con estética pulida en las que las cintas distribuidas por A24 se han vuelto expertas. El tema de agrupar esas películas es que A24 no las produce sino que solo las distribuye, la mayoría de ellas adquiriéndolas ya completadas, haciendo cualquier juicio sobre ellas una cuestión bastante irregular. En esa irregularidad pulcra y prácticamente estéril es en la que se encuentra «Backrooms»; se trata después de todo del resultado de la imaginación de un cineasta que aunque sin dudas talentoso todavía no tiene qué expresar más que imitaciones de otras producciones. Irónicamente eso lo hace un poco perfecto para el concepto de los titulares «Backrooms».
Cualquier analogía que quiera imprimir la narrativa en su trama termina sintiéndose tan forzada como superficial, pero no es en cuestiones de personaje donde se encuentran las flaquezas más graves del film. Esta es una película de terror casi sin sustos ni atmósfera de horror. Si bien en su primera hora reúne algún que otro intento de jumpscare cada 10 o 15 min para recordarle a su audiencia que está viendo una peli mientras usa el celular, no termina compensándolo con una buena segunda mitad. Sin dudas lo mejor de la cinta es la secuencia que divide el film en dos mitades correspondientes a sus dos protagonistas, aquella grabada con videograbadora a lo Bruja de Blair que sirvió como centro del marketing. Quizás que sea lo único que les daba ganas de promocionar debía darles una pista de que el resto deja bastante que desear.
«Backrooms» es un desalentador experimento que demuestra que darle las riendas de un largometraje a una generación que aún no sabe lo que es el cine da como resultado un episodio de una serie no muy buena de Netflix. Que la misma tenga mucho más diseño de sets interesantes que CGI es un elemento más alentador; pero para aquellos con los años suficientes como para haber visto una buena cantidad de cine de género, no hay mucho de valor que apreciar en un intento tan vacío e inepto de secarle los bolsillos a espectadores desprevenidos.
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli

