Crítica de «Mente Maestra» de Kelly Reichardt (2025)
En los últimos años la directora Kelly Reichardt ha sido casi exclusivamente ligada a una de las películas favoritas de los cinéfilos en pandemia, la particular «First Cow» que compitió por el Oso de Oro en Berlín y fue destacada como una de las mejores de ese anormal 2020. Pero su carrera para convertirse en una de las autoras más apreciadas del cine independiente estadounidense consta de varias películas más que interesantes, entre ellas sus grandes colaboraciones con Michelle Williams iniciando con «Wendy and Lucy» que compitió en Un Certain Regard de Cannes y culminando (por ahora) con «Showing Up» que le valió competir por la Palma de Oro en ese mismo festival. Su estilo mantiene siempre un espíritu minimalista enfocado en personajes inusuales, temáticas humildes y narrativas más relajadas que la mecánica comercial a las que las audiencias están más acostumbradas.
Compitiendo una vez más por la Palma de Oro en Cannes, «Mente Maestra» sigue a un hombre de familia desempleado (Josh O’Connor, de «The Crown» y «Challengers») que empieza a fraguar un plan para robar un Museo de Arte local. Un arquitecto que entretiene sus desocupadas tardes visitando el museo que planea asaltar, construyendo los métodos para salirse con la suya y juntando tanto valor como resentimiento durante cada visita obligada a casa de sus padres para poder subsistir solo con el sueldo de su pareja (Alana Haim de «Licorice Pizza»). Con algo de sentido del humor y tensiones bien repartidas, se trata de un relato entretenido más allá de tener una falta lógica de sobresaltos de emoción.
La reconstrucción de los años 70s que realiza la cinta es particularmente destacable, especialmente teniendo en cuenta que se trata de la primer producción íntegra de la hasta ahora solo distribuidora MUBI. Es una época que suele tentar a cineastas con presupuestos menores pero rara vez se la puede ver realizada de forma tan abarcativa y detallada como en esta cinta. Nada como una conjunción tan sobria y trabajada de todas las áreas de producción para conseguir que se aprecien detalles que usualmente se toman por sentado como la elección de vehículos, locaciones y vestuario; en un cine tan centrado en la quietud externa de sus personajes es un verdadero regalo que el cuidado histórico de su estética esté tan logrado como su contexto temático.
Reichardt aprovecha el contexto de época para explorar cuestiones bastante modernas, en particular acerca de las maquinaciones internas del hombre en cuanto a ego e identidad. La composición de personaje de O’Connor nos ofrece a alguien con el ingenio suficiente para atreverse a soñar con algo fuera de lo común, aunque limitado por la ingenuidad de no caer en la cuenta de las consecuencias que esto traería a su vida independientemente del éxito del robo. Pero sobre todas las cosas, crea un reflejo que se siente atemporal en cuestiones de masculinidad cuando hoy en día la juventud se encuentra en situaciones sorprendentemente paralelas a las del protagonista: deambulando por la incertidumbre del futuro, sin oportunidades laborales y tentados constantemente con el alto riesgo de la gratificación incierta. Tan cierto como de un arquitecto planeando un robo de arte en los 70s como de un estudiante que gasta lo poco que tiene en apuestas deportivas y apuestas de inversión.
«Mente Maestra» es una suave destilación de cómo distintas generaciones caen víctimas de ciclos de inestabilidad sociopolítica, con la claridad suficiente para también subrayar la responsabilidad irrevocable que cada individuo tiene para con su familia, seres queridos y sociedad en general. Todo es desarrollado con el usual ritmo independiente de una cineasta que nos acostumbró a crear pequeños tesoros cinematográficos, y cuyo estilo se aleja bastante del gusto más generalizado de aquellos espectadores que entren a la sala con ganas de ver algo más parecido a «La Gran Estafa».
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli

