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Crítica de «Michael» de Antoine Fuqua (2026)

Desde el momento en que se concibió este proyecto se sabía que iba a ser polarizante. Nadie duda del genio creativo que fue Michael Jackson, el bien apodado Rey del Pop. No obstante, el problema es todo aquello que es ajeno al ámbito musical: desde las operaciones (algunas relacionadas con su salud y otras solamente estéticas) hasta su extraño comportamiento y, finalmente, las múltiples denuncias por abuso sexual que lo persiguieron en la última etapa de su vida. Por eso era esperable que generara un gran abanico de respuestas entre los críticos y la audiencia. Resultó sumamente llamativo que en su premiere mundial hubiera recibido una gran cantidad de elogios y que tan solo unos días después fuera vapuleada por la crítica. Igualmente, eso no impidió que la película se convirtiera en un éxito rotundo, alcanzando los 217 millones de dólares en su primer fin de semana.

El encargado de enfrentar la titánica tarea de llevar al astro musical a la pantalla grande fue Antoine Fuqua, el director de la increíble «Día de entrenamiento» (2001) y la menor, aunque entretenida, trilogía de «El justiciero» (2014-2023). Fuqua unió fuerzas con el guionista John Logan («Gladiador», «El aviador») para narrar solo una porción de la vida de Michael, que va desde sus comienzos en los Jackson Five junto a sus hermanos, bajo la cruel explotación de su padre, hasta la gira mundial de Bad en 1988, mostrando a un artista completamente en la cresta de la ola, con la validación de sus pares y del público.

Entonces, ¿es genial como dice el público? No, para nada. ¿Es un desastre inmirable? Tampoco, aunque resulta bastante difícil defenderla del todo. El principal problema de «Michael» no es que se hayan omitido los abusos (seamos honestos: ¿alguien esperaba que, siendo la familia parte de la producción, se mencionara la parte oscura de su historia?) ni que busque lavar o sanitizar todo atisbo de maldad o elemento cuestionable, sino que resulta anticlimática, predecible e incluso, por momentos, aburrida.

Ya es sabido que las biopics musicales vienen transitando un camino similar al de las películas de superhéroes, llegando a una repetición continua de los esquemas narrativos y una sensación de familiaridad que a la larga generará un cansancio en los espectadores (si es que esto ya no comenzó a pasar). Obviamente hay excepciones a la regla, como el caso de la reciente «Better Man» (2024), «Un completo desconocido» (2024) o «Rocketman» (2019), yéndonos unos años atrás. Sin embargo, «Michael» está más cercana a «Bohemian Rhapsody» (2018), donde la intención de ocultar ciertos datos de la historia real, sumada a los problemas que surgieron durante la realización (la película tuvo que afrontar la huelga de guionistas, los incendios en California y reshoots derivados de reescrituras de guion, como el tratamiento de los abusos sexuales), atentaron contra el resultado final.

El resultado es anodino, más allá de algunos momentos musicales atractivos, ciertos detalles simpáticos como el rodaje del videoclip de Thriller, y el excelso trabajo de tanto Jafar Jackson como Juliano Valdi personificando al protagonista en su adultez y en su niñez respectivamente. El problema está en que la película carece de peso dramático. Sí, hay un conflicto (muy cliché, por cierto) relacionado con la relación abusiva de Joe Jackson (gran interpretación de Colman Domingo) con sus hijos y particularmente con Michael, algo que vimos en infinidad de películas de este estilo y también en algunos relatos deportivos como «King Richard» (2021), que retrata la relación tóxica de Richard Williams con sus hijas, las hermanas Venus y Serena Williams.

Fuera del conflicto paternofilial, no hay nada. Según la película, Michael llega rápidamente a la fama con los Jackson Five, luego se hace solista y tampoco le cuesta alcanzar el objetivo, y más allá de sugerir sus problemas para relacionarse, tener amigos y lidiar con una enfermedad, nada de eso tiene el peso suficiente. Es como si no existiera el típico camino de ascenso y eventual caída, sino que la película se maneja en una meseta donde se suceden situaciones ligadas únicamente por la presencia del artista. Todo está tan cuidado y medido por la producción que, fuera de Joe Jackson, ningún personaje —fan, colega, ejecutivo, periodista o guardia de seguridad— tiene el menor matiz (hay un momento casi irrisorio en el que Michael está por realizarse su primera cirugía y el propio cirujano le dice: «Sos una persona atractiva, no necesitás hacerte cirugías»).

La forma en que tratan al cantante casi como un semidiós, sin poner nada en tela de juicio, es lo que termina perjudicando al film, así como el hecho de que la película vendría a ser apenas un acto y medio de dos horas, ya que termina abruptamente en la gira mencionada en el segundo párrafo, seguida de un título que reza «Su historia continúa», anticipando que habrá al menos una secuela.

«Michael» es una película con varios problemas narrativos, de tono y de ritmo, que probablemente se deban en gran parte a la decisión de dividirla en partes y a la necesidad de regrabar el último acto. Es un film que gustará a los fans del artista por su impresionante banda sonora y por el comprometido trabajo de Jafar Jackson, que parece canalizar directamente el espíritu de su tío. Lo cierto es que los problemas no radican solamente en lo omitido o en el intento de edulcorar la imagen del personaje, sino en que falla a nivel relato y no logra generar la emoción que la historia de un artista de este calibre debería provocar.

Puntaje:

 

 

 

Trailer:

 

Martín Goniondzki

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