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Crítica de «El mago del Kremlin» de Olivier Assayas (2026)

El siempre ecléctico Olivier Assayas («Personal Shopper», «Clouds of Sils Maria») regresa con una falsa biopic inspirada en la vida de una de las figuras internacionales más intrigantes de las últimas décadas, el cerebro detrás de los modelos políticos que llevaron a Trump, Milei y tantos otros al poder. Protagonizada por Paul Dano («There Will Be Blood», «The Batman») en el papel de un joven ruso que, durante la explosión cultural post-soviética, pasa de ser un creativo de televisión vanguardista a uno de los consejeros más importantes para el ascenso y la estadía en el poder de Vladimir Putin (interpretado por Jude Law).

La narrativa comienza con la invitación del protagonista, ahora retirado, a un periodista estadounidense para discutir la filosofía de estrategia política social que lo llevó a tener prohibida la entrada tanto a Europa como a los Estados Unidos. El film sería una especie de thriller dramático si los eventos no fuesen presentados sin ningún peso más que el de ser eslabones cronológicos de la vida del protagonista. El tono deambula entre la comedia negra y un drama de personaje que se sostiene enteramente en la actuación de Dano, la cual trasciende lo funcional para volverse interesante, pero que sufre por corresponder a un actor de perfil más satelital que protagónico. El resultado final es una ensalada de ideas y frases más que interesantes, soltadas de forma errática en medio de una trama que solo se vuelve atrapante teniendo constantemente en mente la relación con los eventos históricos reales. Es cierto que todas estas potenciales falencias dan la sensación de ser inherentes al estilo tan particular de este proyecto, aunque es una lástima que la experiencia de Assayas no le haya ayudado a darle mayor solidez.

Punto aparte para la elección de Jude Law como Putin. Si bien es uno de esos roles que resulta imposible de concebir bien casteados, tener a un actor tan reconocible haciendo las muecas necesarias para imitar, más que evocar, a una persona real que tenemos tan vista nunca deja de distraer. Por otro lado, la presencia de Jeffrey Wright es un caso totalmente opuesto: su semblante le brinda a cada una de sus pocas escenas en la película un ancla dramática que beneficia enormemente al marco narrativo en el que se sostiene el relato. Algo similar se puede decir de la actuación de Alicia Vikander como el elusivo interés romántico del protagonista; aunque el resultado de su buena interpretación no hace más que reforzar las facetas más genéricas de la cinta con lo que podría llamarse un romance arromántico, sí consigue hacer que un personaje totalmente inverosímil tenga, por momentos, vestigios de lógica interna. Este es ese tipo de proyectos en los que uno debe intentar apreciar las partes individuales para no condenar el todo.

A fin de cuentas, «El Mago del Kremlin» no logra transformar una interesante novela basada en una intrigante figura de la política global en una muy buena película. El disfrute de la experiencia queda en manos de toda audiencia dispuesta y capaz de apreciar los pequeños momentos de perversa ingeniería social en medio de una narrativa que, en sus mejores momentos, apenas alcanza la funcionalidad de un esfuerzo comercial corriente. Se trata, después de todo, de un francés dirigiendo una biopic ficcional rusa en inglés basada en la novela de un italiano; hay experiencias que simplemente están destinadas a ser un quilombo y ya.

Puntaje:

 

 

Trailer:

 

Leandro Porcelli

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