CINE

Crítica de «Nada entre los dos» de Juan Taratuto (2026)

Si bien Taratuto es un director asociado a la comedia gracias a grandes éxitos como «Un Novio para Mi Mujer» y «Me Case con un Boludo», su cine siempre viene acompañado por el romance o incluso el drama en el caso de «Papeles en el Viento». Los resultados pueden variar aunque es evidente que su cine atrae a actores y audiencias por igual. En esta ocasión «Nada entre los dos» viene casi envuelta en un paquete de comedia romántica cual caballo de Troya, ofreciendo más allá de su primera media hora mucho más que un simple romance con poco más que destellos de comedia.

Natalia Oreiro interpreta a una mujer que mantiene sola a su hija adolescente debido a que el padre (Peto Menahem) insiste en perseguir proyectos efímeros de inversión sin conseguir un trabajo estable. En medio de enfrentar sola los trámites del divorcio termina siendo convocada de emergencia por la multinacional en la que trabaja para manejar una crisis de imagen por causar intoxicaciones con uno de sus productos. Es así como viajando a México conoce a una de las mayores autoridades de su empresa (Gael García Bernal), con quien compartirá una conexión primero fugaz para luego convertirse en algo que los inspira a repensar en lo que se han convertido sus vidas.

Si la protagonista de Oreiro sufre el día a día en Buenos Aires, el del personaje de Bernal tiene dolencias menos evidentes a simple vista. Puntualizado por un problema de salud que lo viene aquejando hace bastante, todo aspecto positivo en su vida casi idílica desde afuera viene acompañado por sutiles sombras que sólo él conoce. Justamente porque esta no es una historia de tragedias, sino de ese costoso camino por sentirse bien con la realidad de uno. Para ello emplea una suerte de fórmula inspirada en películas de conexiones encontradas en lo ajeno como «Lost in Translation», o una versión más basada en diálogo como lo es la trilogía de «Before» de Linklater. El resultado tiene más valor que una simple imitación gracias a que logra reflejar una realidad verídica de ambas partes, con algunos lamentables momentos de melodrama artificial en el medio pero asentados en una base de auténtica empatía humana. Lograda en gran parte por negarse a demonizar o antagonizar a sus personajes, partiendo de la base de un dúo protagónico que trasciende el debate moral sobre las infidelidades e incluso llegando al personaje de Peto Menahem; que aparte de entregar los momentos de comedia del film presenta suficientes detalles como para congeniar sus facetas más problemáticas con aspectos positivos.

«Nada entre los dos» empieza como una comedia romántica entretenida pero que con el correr de las escenas se revela como un film mucho más interesante, eligiendo profundizar en esa etapa de la vida en la que uno se replantea los pasos que lo llevaron a un presente complicado. Hace lo posible por evitar caer en soluciones sencillas y consigue presentar suficiente complejidad como para encontrar valor en su narrativa, aunque siempre sostenido por un tono disfrutable para que aquellos espectadores que esperaban mucho menos puedan dejar la sala más satisfechos de lo esperado.

Puntaje:

 
 
 

Tráiler:

 
Leandro Porcelli

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