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Crítica de «La Negociación» de Gus Van Sant (2026)

Entre el gran salto a la fama de Bill Skarsgård con la «It» de 2017 y su más reciente éxito en «Nosferatu» de 2024, el representante más joven de la famosa familia actoral sueca ha ido cosechando una variada ensalada de roles: desde pequeños a medianos papeles en tanques importantes como «Deadpool 2», «Eternals», «John Wick 4», pasando por grandes aciertos independientes como «Barbarian», remakes de pelis de Peter Lanzani como «Locked» y llegando a protagonizar pelis de acción algo irregulares con «Boy Kills World» o la remake de «El Cuervo». Es posible que ahora se le haya cruzado por la cabeza dejar atrás esa etapa de pinball comercial y un gran paso a eso es esta nueva película del siempre interesante Gus Van Sant, ganador de la Palma de Oro por «Elephant» y dos veces nominado al Oscar por Mejor Director con «Milk» y «Good Will Hunting».

Basada (verdaderamente) en una historia real, el film se centra en uno de esos revuelos mediáticos algo olvidados por tiempos en los que hicieron que sus particularidades se hicieran exponencialmente más comunes. En una mañana a principios de 1977 lo que iba a ser una reunión entre un agente hipotecario y su cliente se vuelve un secuestro desesperado realizado por un hombre sin nada que perder. La película no tarda mucho en iniciar las tensiones y el drama, pintando también desde su arranque que los planes de su protagonista va a encontrarse con muchas improvisaciones necesarias. Ni las fuerzas de la ley ni los medios periodísticos cubriendo la situación tenían mucha experiencia en esos tiempos para afrontar lo que en cuestión de horas se volvería un circo sin precedentes.

Antes de la producción de esta película el caso ya había sido explorado en el documental «Dead Man’s Line», ambos haciendo referencia en su título al mecanismo ideado por el secuestrador para mantener a su víctima siempre delante de su escopeta. Este año también saldrá una serie protagonizada por Jon Hamm y Giovanni Ribisi adaptando una serie de podcast al respecto con esos mismos actores. Se puede decir entonces que si bien es un evento bastante opacado por la historia moderna, es sin dudas una fuente innegable de fascinación creativa por ser un prisma a través del cual conectar cuestiones socioeconómicas, la violencia social y el manejo de las crisis por parte de los medios. En el caso particular de esta producción, el trabajo de Gus puede recordar a otros ejemplos similares como el thriller alemán «September 5» de hace pocos años pero se distingue bastante gracias a pequeñas decisiones de realización por parte del experto director. La intersección entre las frustraciones de planes que no salen como deberían de la policía o el propio secuestrador y la improvisación forzada tanto del mismo como de los periodistas es expresada mediante un errático trabajo de cámara. Muy bien controlado por parte del director de fotografía, pero brindándole un dinamismo de constante contención salvaje.

El nombre de Van Sant garantiza un espíritu refrescantemente independiente en cada una de sus películas, y sin ser la excepción en este caso también lo complementa con un gran laburo de reproducción de época tan difícil de trabajar con presupuestos acotados. Todo sumado a la indudable personalidad audiovisual conspiran para crear una experiencia verdaderamente inmersiva. Porque si bien maneja muy bien sus momentos de tensión, este no es tanto un thriller come uñas sino más bien esos dramas que van absorbiendo tu atención hacia la pantalla para que entres en el juego ideológico o motivacional de sus personajes. Para eso es vital la muy buena actuación protagónica de Skarsgård, pero también la de un irreconocible Dacre Montgomery («Stranger Things», «Power Rangers») como el secuestrado o la de Colman Domingo en el papel de una personalidad radial que va a verse implicado. Irónicamente es el sorpresivo cameo de breves minutos de una eminencia como es Al Pacino lo que puede obstaculizar un poco esa inmersión, sacándolo a uno de la cinta.

A fin de cuentas, «La Negociación» es un thriller fascinante que entiende que sus tensiones superficiales son tan necesarias como lo es reflejar un poco todas las problemáticas sociales que llevan a personas a estar de un lado u otro de la escopeta económica. Gus Van Sant creó otra pequeña joya que sin dudas merecerá más espectadores; con un buen guion, buenas actuaciones y por si fuera poco una banda sonora del gran Danny Elfman. En una época en las que a tantos le sobran las razones para no mirar una película, es vital que continúen habiendo cintas no comerciales que ofrezcan tantos elementos interesantes para verlas.

Puntaje: 

 

 

Tráiler:

 

Leandro Porcelli

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