CINE

Crítica «Impacto Mortal» de Renny Harlin (2026)

El responsable de «Pesadilla 4», «Duro de Matar 2», «Riesgo Total» y la reciente trilogía de «Los Extraños» vuelve a dirigir una película de explotación donde combina dos estilos diferentes del cine catástrofe: accidentes aéreos y tiburones.

Renny Harlin ha brindado producciones de entretenimiento sin pretensiones durante los años 90 y principios de los 2000. La acción y la aventura siempre han sido sus géneros favoritos, con buenos resultados en «Riesgo Total», «La pirata», «El largo beso del adiós» y la mencionada «Duro de Matar 2» (que se encontraba varios escalones por debajo de la original, pero aun así era un sólido entretenimiento). En 1999 dirigió «Alerta en lo profundo», que sin llegar a ser «Tiburón» (1975), lograba resaltar por su inventiva y desparpajo, apuntando única y exclusivamente al entretenimiento pasatista.

Tuvieron que pasar 27 años para que el bueno de Renny decidiera volver a los temibles escualos en un relato que resume un poco su obra cinematográfica. «Impacto Mortal» («Deep Water» es su título oficial, que tampoco es muy original) cuenta la historia de un vuelo comercial en ruta de Los Ángeles a Shanghái que se ve obligado a realizar un aterrizaje de emergencia en aguas infestadas de tiburones. Esto ocurre debido a que un pasajero no respeta el reglamento y despacha una batería de litio en el equipaje de bodega, lo que desencadena una secuencia al estilo de «Destino Final»: el avión comienza a prenderse fuego y da paso a un acuatizaje en medio del océano.

Tendremos varios personajes (esquemáticos y poco memorables): un piloto que, tras un drama familiar, decide pasar sus días en el aire alejado de los suyos (protagonizado por Aaron Eckhart); un piloto experimentado (Ben Kingsley); una familia con dos medio hermanos; una anciana que va a visitar a su nieto; un joven que intenta conquistar a una de las azafatas, y dos equipos deportivos enfrentados (uno de Estados Unidos y otro de China), entre otros que se irán presentando —y muriendo— a lo largo del relato.

Si bien hay pasajes donde se aprecia la pericia del director con la acción, especialmente en la caída del avión (con explosiones que provocan la destrucción de la aeronave en varias partes y dispersan a los sobrevivientes por el mar), el CGI y los personajes descartables hacen que la experiencia no resulte del todo disfrutable. El director finlandés demuestra nuevamente su pulso y su amor por los tiburones y el cine de explotación, y nos otorga un entretenimiento pasatista más digno que lo visto últimamente en cines y plataformas sobre estos animales (con la excepción de la película de Tommy Wirkola).

     

Dato de color: uno de los productores de la cinta es Gene Simmons, el mítico bajista y cantante de la banda Kiss.

  Martín Goniondzki

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