Crítica de «Después de la Tormenta» de Hirokazu Koreeda (2016)

Ver una peícula asiática es siempre diferente. Salvando contadísimas excepciones, el 99% de las actrices y actores son completamente desconocidos para cualquiera. No hay chances de verlas sin subtítulos por no conocer el idioma, e incluso uno termina teniendo ese pensamiento al estilo de «Ah, mira. No sabía que allá se hacía eso», con respecto a algún comportamiento o costumbre.

Todas y cada una de esas diferencias funcionan como ventajas. Cuando uno no conoce a ninguno de los actores, sus actuaciones se vuelven mucho más fáciles de comprar. A lo de las actuaciones también ayuda el no conocer el idioma, pero eso, sumado a lo alienígena de la cultura y costumbres, hacen que haya poco cuestionamiento al guion o a la historia. Muchos films se benefician mucho de esto, pero por suerte hay algunos que no lo necesitan.

«Después de la tormenta» es una íntima historia familiar, con un desarrollo lento que apuesta por atraparte con las relaciones interpersonales de un golpeado protagonista tan simpático como reprochable. Un escritor devenido en detective como parte de su «investigación» para la próxima novela, que reparte sus ratos entre apostar su sueldo y espiar la vida de su antigua familia. Entre observar de lejos los partidos de béisbol de su hijo y las salidas con el nuevo novio de su ex esposa, apenas le queda tiempo para pasarse por la casa de su madre para ver qué puede empeñar ahora que falleció su padre.

La película está dirigida, escrita y editada por el japones Hirokazu Koreeda, premiado en varios festivales que incluyen Venecia, Cannes e incluso nuestro propio BAFICI en 1998. Prácticamente todos sus proyectos tocan el tema de los lazos familiares, y con casi una decena de trabajos en su haber, constantemente aplaudidos y premiados alrededor del mundo, no quedan dudas de que estamos ante el trabajo de un maestro. La historia logra ser personal, íntima y con una profundidad realista verdaderamente admirable.

Los personajes se sienten mucho más naturales y terrenales («normales» hablando mal y pronto) que en otros ejemplos del cine asiático. Un humor y drama poco exagerados ayudan a que la audiencia se sienta más que a gusto explorando la vida diaria del protagonista, al mismo tiempo que se encuentran juzgando sus decisiones de vida tal y cómo hacen todos sus seres queridos. La trama tan minimalista fácilita la exploración de su protagonista no solo como hijo, padre, amigo, persona, hermano y exesposo, sino también como artista; sus dudas de «rendirse» en su carrera como novelista y aceptar trabajos comerciales es uno de los tantos reproches que se le hacen durante las casi dos horas de película, pero que resultan más que entendibles desde la perspectiva adecuada. El mundo creado por Koreeda refleja un mundo real en el que todos los caminos son difíciles de recorrer.

Esta es una de esas historias sin principios ni finales. No hay un evento sea el disparador del film, más bien es una vuelta a la normalidad tras la perdida del patriarca familiar; y hacia el final, la tormenta no es más que el marco en el que se dan los hechos del film. Aquellos que se sientan cómodos con otro tipo de historias, menos empaquetadas para el supermercado, y tengan ganas de perderse en una historia simpática y compleja en la que no hay salidas fáciles: «Después de la Tormenta» es uno de los mejores planes que pueden llegar a pasárseles por alto en estos días.

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