Entrevista a Darío Doria, director de «Vicenta»

Hoy es el último día para ver en el 35° Festival de Cine de Mar del Plata «Vicenta», el nuevo film de Darío Doria, que se basa en un hecho real ocurrido en 2006 para retratar la historia de Vicenta, una mujer que debe luchar para que se cumplan los derechos de su hija con discapacidad que fue abusada, quedó embarazada y quiere abortar. Un film tan triste como hermoso que tiene la particularidad de estar realizado íntegramente con muñecos de plastilina.

En Cinéfilo Serial tuvimos la oportunidad de hablar con el director para conocer más sobre cómo se interesó por esta historia, la decisión que tomó de alejarse de un documental clásico y el trabajo técnico que tiene.

– ¿Cómo surgió la idea de realizar un documental basado en el caso de Vicenta y su hija Laura? ¿Qué es lo que más te llamó la atención de su historia?

– La idea viene de lejos, desde el mismísimo momento en que los hechos estaban sucediendo y el país entero era testigo mediático de lo que le estaba pasando a Vicenta y su familia. Era invierno del 2006 y recuerdo la indignación que me provocaba todo, lo que le estaba tocando vivir a Vicenta en juzgados y hospitales y la panzada que se estaban dando los medios con la historia. Pero un día, el posterior a que todos nos enteramos en directo por TV que la interrupción legal del embarazo solicitado por Vicenta para su hija no se iba a realizar, la historia desapareció de los medios. Vicenta ya no era noticia, dejó de importar.

Fue lo que pasó a partir de ese momento lo que me llevó a querer hacer este documental. Lo conocido, lo que había quedado en el aire era tristísimo y desalentador, pero lo que sucedió después, fuera de los focos mediáticos, todo lo contrario. No quiero contar detalles para no spoilear, pero la historia se volvió maravillosa, emocionante, esperanzadora y fue entonces que supe que en algún momento iba a hacer esta peli.

– ¿Recurriste en algún momento a Vicenta para conocer sus sentimientos o pensamientos a la hora de confeccionar el guión? ¿Tuvo ella la oportunidad de ver la película? 

– Todo, absolutamente todo lo que vivió Vicenta en aquellos días está documentado. Solo es cuestión de googlear un poco para encontrar sentencias judiciales de distintas instancias y organismos, notas periodísticas, fotos, videos, audios radiales, etc. Incluso hay un libro editado detallándolo todo. Pero este material da cuenta de hechos y no de emociones. Podemos imaginarlas, claro está, pero me era necesario conocer a Vicenta para charlar con ella sobre lo que les había tocado vivir. Me encontré con una mujer muy alegre pero que no puede hablar de aquellos días sin que la invada una angustia infinita. Tan solo rozar el tema implica que se le llenen los ojos de lágrimas. Así que por respeto a su dolor no profundizamos en ese camino.

Vicenta me dio autorización para hacer la peli y que esta lleve su nombre. Espero que algún día pueda verla.

– ¿Por qué tomaste la decisión de retratar la historia a partir de muñecos de plastilina y alejarte del documental más clásico y convencional? ¿Cuál fue el punto de partida para el trabajo de Mariana Ardanaz?

– Yo vengo del cinema directo, de contar historias que transcurren en presente frente a mi cámara. Narrar algo sucedido en el pasado era nuevo para mí y no sabía cómo hacerlo. Lo único que tenía en claro era que no quería hacer una peli de entrevistas y material de archivo, sino que quería poner al espectador junto a Vicenta para hacerle sentir lo que ella vivió.

Busqué durante mucho tiempo el cómo hacerlo, probé varias cosas que no funcionaron del todo como quería, hasta que un día me encontré con el hermoso trabajo de Mariana Ardanaz.  Ella tenía publicada en su web la  historia de una niña que vivía encerrada en un cuarto. Al verla, sentí que esta niña de plastilina podía ser la hija de Vicenta. Entonces la contacté, charlamos y arrancamos a trabajar juntos. Probamos, probamos y probamos hasta lograr un teaser de unos cuatro minutos donde vimos que estos muñequitos de plastilina sin movimiento alguno lograban emocionarnos. Supimos entonces que la narración se sostenía muy bien durante ese tiempo, pero era un misterio qué pasaría en una hora y pico de duración. Pero nos arriesgamos, nos tiramos a la pileta sin saber qué profundidad tenía el agua, y por suerte varios años después salimos del otro lado mojaditos, pero muy felices y contentos con el proceso y el resultado.

– El diseño de arte es muy preciso, la voz en off nos transmite emoción, la cámara movimiento y la banda sonora termina de otorgarle realismo a la historia ¿Cómo fue el trabajo en los distintos apartados técnicos? ¿Cuánto tiempo llevó todo el proceso? 

– Personalmente creo que la mayor tarea de un director de cine es lograr que cada uno de los integrantes del equipo se sientan cómodos, tenidos en cuenta y comprometidos con la historia. Y eso fue lo que intenté llevar adelante. Así que cada uno de los integrantes del equipo fue sumando a la peli desde su espacio: Mariana aportó su todo su arte, Luis Camardella la estructura narrativa, Florencia Gattari escribió esa emocionante y poética voz en off, voz a la que Liliana Herrero le puso el cuerpo, Federico Esquerro construyó el universo sonoro de la peli, Ezequiel Menalled la música, Martin Lehmann sumó su magia gráfica con los álbumes de fotos y secuencias de títulos, Virginia Croatto coordinó la producción, y así, cada uno de nosotros sumó su parte para construir la peli. Tan simple como eso.

El proceso total, desde que arrancamos a investigar seriamente hasta tener en nuestras manos el DCP, llevó cinco años y pico. Pero lo más fuerte de la producción se concentró en los últimos 3 años.

– ¿Resulta más sencillo, complejo o igual dirigir un film donde no hay personas? ¿Cuál fue tu mayor desafío?

– Al confirmar que esos personajes inmóviles, con esqueleto de alambre y cuerpo de plastilina,  soportaban bien la historia que íbamos a contar, la realización de la peli se volvió relativamente «sencilla». Claramente que requirió de mucha paciencia y cuidadoso trabajo, pero podíamos filmar sin las restricciones normales que tiene un rodaje con actores y locaciones reales. No teníamos condicionantes externos, por lo que el límite estaba en nosotros como equipo y yo como director. Incluso el límite presupuestario no era un problema demasiado importante como lo suele ser.

Creo que el mayor desafío durante el rodaje, fue lograr que las tomas tengan ritmo cinematográfico cuando todo lo que teníamos por delante no tenía movimiento y había que crearlo.

Aunque también sufrimos mucho con el foco. Toda la peli está filmada en macro, y mantener el foco en los personajes fue un enorme laburo que Agustín Manavella desarrolló con maestría y paciencia.

– La película transmite tanto la tristeza de la historia como la fortaleza de su protagonista, ¿cómo lograste equilibrar todas las emociones para realizar un film más esperanzador que crudo?

– La verdad es que solo nos «atamos» a lo que sucedió de verdad. Si bien hay un laburo grande de guion para ordenar la narración en términos cinematográficos, la historia por sí sola es triste, maravillosa e infinitamente esperanzadora a la vez. Todo junto.

Por otra parte, si la historia no hubiera terminado como terminó, si no fuese tan esperanzadora como es nunca la hubiera contado.

– ¿Qué significa para vos que Vicenta forme parte del 35° Festival de Cine de Mar del Plata, sobre todo en el contexto en el cual estamos viviendo?

– Al Festival le tengo un cariño muy especial. Los tres docus que realicé pasaron por Mar del Plata y tengo recuerdos muy lindos. Así que es una enorme alegría estar ahí con Vicenta. Claramente lamento en el alma que no sea como siempre, pero es lo que nos toca y sabiendo el enorme esfuerzo que fue organizar esta edición no tengo más que agradecimientos al equipo del festival. A todos ellos por igual.

– ¿Cómo te imaginás la reacción del público? ¿Qué te gustaría que genere la película?

Va a ser muy raro no tener ese contacto directo con el público que se da en un cine. Ese sentarme de espalda a la pantalla mirando las reacciones de la gente durante la peli. Las charlas posteriores a las proyecciones… será raro. Veremos cómo se va dando esa ida y vuelta con el público. Me imagino que será por las redes.

Por la peli, ojalá que la historia de Vicenta emocione y movilice a los espectadores tanto como a mí. Ojalá que la gente luego de ver la película diga: «…que grosa es esta mujer, cuantos ovarios tuvo, que historia maravillosa».

– ¿Crees que algo cambió en la sociedad y en las instituciones luego del caso de LMR o todavía queda mucho camino por andar?

El pasado 3 de septiembre del 2020, en PAG12 salió una nota cuyo título es: «Una niña forzada a ser madre». La niña cuenta que el bebé está bien, que se mueve y patea dentro de su pancita. Acaba de cumplir 11 años y hace cuatro días está internada, aburrida, en el hospital materno neonatal de la capital correntina. En pocos días se convertirá en madre: en una niña forzada a ser madre. En la misma nota se informa: El de la niña de Monte Caseros no es un caso aislado. Cada año, unas 2.400 niñas de entre 10 y 14 años dan a luz en la Argentina. O sea queda muchísimo, pero muchísimo por hacer. Lamentablemente.

Pero, por otra parte, no todo es tan terrible. Sí hoy tenemos en vigencia nacional el «Protocolo para la atención integral de las personas con derecho a la interrupción legal del embarazo» es gracias a la lucha de Vicenta que llevó su caso hasta el Comité de DDHH de las Naciones Unidas y este organismo, en su fallo, obligó al Estado Argentino a implementar dicho protocolo.

 

Samantha Schuster

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