Crítica de «Fumar provoca tos» de Quentin Dupieux (2022)
A casi 15 años de entregarle al mundo una nueva entrada al subgénero de pelis de medianoche con el neumático asesino de «Rubber», se estrena en salas argentinas una de las últimas «películas» de Quentin Dupieux.
Las comedias necesitan cierta dosis de irreverencia para alcanzar algún tipo de valor o gracia, pero el particular tono abstracto del cineasta y músico francés se mantiene bastante vigente gracias al compromiso que tiene de incluso negarle reverencia a los elementos que componen internamente sus trabajos. Las comillas usadas en el párrafo anterior son para aclarar que sus construcciones a veces son menos narrativas que otras películas, mainstream o no, aunque eso tampoco signifique algo necesariamente negativo. Sus premisas suelen ser estructuras totalmente esqueléticas sobre las que cuelga varias escenas, gags o secuencias con sentido propio (si es que poseen alguno) y en la que la experiencia audiovisual se siente heterogénea al punto de acercarse más a un video de YouTube que a una cinta corriente.
En esta ocasión el concepto de «Fumar provoca tos» es el de un grupo de superhéroes que se encargan de vencer villanos, pero que deberán enfrentarse esta semana con la obligación de asistir a un retiro para fortalecer la unión de grupo. Básicamente unos Power Rangers franceses de mediana edad sponsoreados por tabacaleras, con robot asistente incluido. Ofrece buenos escenarios, buenas premisas, bastantes risas inesperadas y mucho para disfrutar.
Como toda comedia, puede disfrutarse solo pero la experiencia ideal es verla rodeado de otros potenciales reidores. Bien harían en aprovechar las semanas que estará en algunas pocas salas de cine, aunque un living con amigos es una distante pero gratificante segunda opción. Las risas se mantienen constantes, con un elenco principal y secundario en casi perfecto balance de reparto de minutos en pantalla. Con el correr de los años, que los intérpretes seleccionados ya sepan exactamente el tono que busca Dupieux antes de llegar siquiera al set sin dudas suma bastante a que la calidad sea menos errática que en sus primeros trabajos aunque es evidente que cuanto más se tenga vista su filmografía más probable es encontrar alguna repetición en sus tendencias.
El trabajo de Dupieux hace años que ofrece esos imperfectos oasis de ridiculez en los que refugiarse de la opresiva ridiculez de los proyectos más serios o formulaicos que nos rodean. Al lado de sus filmes, una comedia de Adam Sandler se ve igual que una de Tarkovsky. Tratar estos proyectos como cualquier otra peli carece totalmente de sentido, por lo que el único puntaje que realmente merece es el de un pescado parlanchín sobre un robot suicidándose en sus vacaciones.
Puntaje:
Leandro Porcelli

