Crítica de «El Reino Animal» de Thomas Cailley (2024)
Pocos años atrás surgió una rara mutación que empieza a convertir personas en híbridos animalísticos, haciendo que la escena inicial que muestra a un hombre alado escapando de una ambulancia acompañe su obvio impacto con una lógica de relativa normalidad para sus protagonistas. Padre e hijo viven esa nueva realidad en medio de discusiones típicas de familias con hijos adolescentes, aunque con la particularidad de que su relación lleva ahora el peso de tener a su esposa y madre encerrada en una de las unidades del gobierno para «contener» el fenómeno. Estas primeras escenas resumen un poco la experiencia en general, una intrigante premisa envuelta en un paquete de dinámicas dramáticas muy familiares para cualquiera. Con todo lo positivo y negativo que trae emplear tanto lo universal como genérico como recursos narrativos.
Rápidamente la peli nos lleva al escenario en el que se desarrollará el resto de la historia: un pueblo del sur de Francia cerca de amplios bosques donde el gobierno ha construido una especie de prisión para encerrar a las llamadas «bestias». Ahí es donde la nueva vida de esta familia de dos comienza una trama tan familiar para cualquiera que haya visto alguna película antes: adolescente llega a nueva escuela, padre soltero arranca nuevo trabajo lidiando solo con su rol parental, ambos conocen potenciales intereses románticos y toda la bola.
Aunque, si la primera mitad del filme es algo ya visto miles de veces, en la segunda mitad de la trama veremos cómo las particularidades de la premisa toman las riendas de esta relación padre e hijo al igual que de los cambios sociales que se generan a causa de esta condición que despierta pasiones mayormente negativas por parte de los que todavía no se vieron afectados directamente.
Lo mejor del guion es que a pesar de sostenerse tanto en clichés narrativos conocidos, intenta que asomen la cabeza temáticas más únicas de este nuevo mundo en gestación. La relación padre e hijo también se mantiene de forma constante como no solo motor dramático debido a su relación pasional, sino también narrativo ya que sus diferentes formas de ser va a llevarlos por caminos totalmente opuestos en sus respectivos viajes. Toda una proeza, que de todas maneras logra ofreciendo más efectividad que virtuosismo desde lo audiovisual. Afortunadamente lo efectivo da lugar a lo afectivo gracias a una dirección que lleva el pulso de cada área poniendo siempre el foco en lo dramático de sus personajes. Gran mérito siendo que es un proyecto con bastante trabajo de efectos.
Habiendo competido en la sección Un Certain Regard del Festival de Cannes, que selecciona trabajos que destacan por la visión particular de su autor, este es el segundo trabajo del director Thomas Cailley. Su ópera prima «Love at First Fight» se había ganado a las audiencias hace ya una década por combinar un tratamiento de género muy familiar con detalles de la trama que le dan un giro particular, algo que repite de forma mucho más fantástica en este filme.
«El Reino Animal» comienza siendo demasiado familiar a pesar de una premisa tan extravagante, pero a lo largo de la trama logra desarrollarse dejando atrás el sostenerse en las estructuras de los coming of age ya conocidos para ofrecer una experiencia que va incluso un poco más allá de las expectativas de algo fresco o distinto. Algo a lo que ya nos acostumbra el cine francés de estos últimos años, procurando sostener algo de valor creativo por más que se trate de producciones comerciales para el disfrute de cualquier demográfica.
Puntaje:
Leandro Porcelli

