Crítica de «Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma» de Jane Schoenbrun (2026)
La directora Jane Schoenbrun ganó mucha atención con su debut «We’re all going to the world’s fair» en 2021, aunque sin dudas su salto a la fama ocurrió unos año después con su segundo largometraje. «I Saw the TV Glow» fue celebrada por la crítica y uno de los medianos éxitos más hablados de ese 2024. En esta ocasión Schoenbrun vuelve a abocarse a una narrativa que utiliza la estética del cine de terror para explorar el impacto y significado que tiene en uno la ficción. En lugar de centrarse en las de televisión como «TV Glow», ahora «Adolescencia, sexo y muerte en Campamento Miasma» se enfoca el fanatismo por el cine de terror y los slashers en particular.
La película está protagonizada por una directora en ascenso (Hannah Einbinder) que acepta hacerse cargo del reboot de una exitosa pero olvidada serie de películas de terror. Para ello viaja a conocer a la recluida estrella del primero de esos films (Gillian Anderson), terminando convencida de que su reboot tiene que centrarse en ella. Esa saga ficcional mezcla aspectos de «Viernes 13», «Pesadilla en Elm Street» y tantas otras franquicias de slashers repletas de secuelas para poder mojar los pies en todas esas prácticas de la industria con algo de humor y una cuota de cinismo. El resultado refleja auténtico amor por este tipo de cine, aunque termine siendo mucho más un comentario al respecto que una nueva versión del mismo.
La trama parece indicarnos que se trata de una vuelta de tuerca de las tantas que este género toma para mantener fresca lo que es una repetición formulaica, pero lo que la audiencia va a encontrar es muy distinto. Acompañando toda la sed lógica de sangre nos encontramos con una evocativa exploración no solo de la maquinaria industrial que busca producir franquicias en masa sino también de los fanáticos que logran verle un valor tan personal a esos filmes, variando con cada entrega entre aquellos hechos costosamente a los tumbos e incluso las secuelas que terminan como réplicas desganadas. Sin dudas algunos preferirían ver una slasher más corriente, pero no quedan dudas de que esta película nunca podría serlo.
Schoenbrun consigue una vez más mantener un pie en un género mientras el otro permanece en su subjetivo fanatismo por el mismo, al igual que hace lo mismo con películas que no tienen al miedo como principal objetivo y aún así son indudablemente trabajos de terror. Su filmografía hasta ahora expone cómo aquello a lo que debemos temerle no va a estar nunca en pantalla sino en nuestra relación con ella.
«Campamento Miasma» tiene momentos en los que flaquea el juego de géneros entre humor, terror y una meta-narrativa que oscila entre la compleja confusión e incontrolable potencia temática. Luchando por mantener todo eso en un mismo carril, está la pasión de una directora que logra crear otra experiencia de autor a su medida, perfecta para aquellos dispuestos a jugar un juego en el que las reglas evolucionan constantemente. Para todos los demás siempre existen las Jason X y Wes Craven’s New Nightmares, benditas sean.
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli

