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Crítica de «La Guerra de los Últimos» de Ridley Scott (2026)

El prolífico director británico Ridley Scott, responsable de películas memorables como «Alien» (1979), «Blade Runner» (1982) y «Gladiador» (2000), estrena la adaptación de la novela postapocalíptica de Peter Heller.

A sus 88 años, Scott parece decidido a continuar con su labor como director. Al momento del estreno de «La Guerra de los Últimos», ya tiene anunciada una nueva adaptación de «La Isla del Tesoro» para 2028 y también una posible secuela de «Alien: Covenant». No solo es envidiable su inquietud como artista, sino también la versatilidad en la elección de proyectos que lo llevan a seleccionar relatos de distintos tonos, géneros y estilos. Sin embargo, resulta igualmente sorprendente las críticas negativas que viene recibiendo su última película de parte de la prensa especializada. Obviamente, este relato distópico se encuentra lejos de sus grandes obras, pero la realidad es que su visión del bestseller de Peter Heller es sumamente entretenido y disfrutable.

El largometraje se sitúa en un escenario postpandémico en el que un virus similar a la influenza aniquila prácticamente a toda la humanidad. Quedan resabios de lo que alguna vez fue la civilización y es en ese contexto que Hig (Jacob Elordi), un piloto y mecánico, pasa los días con su perro Jasper y con la compañía de Bangley (Josh Brolin), un ermitaño experto en armas. Ambos reparten sus días entre la búsqueda desesperada de provisiones en ciudades fantasma y la constante amenaza de los «segadores», unos violentos carroñeros que acechan en las sombras. Sumergido en el dolor tras la pérdida de su esposa, la vida de Hig transcurre sin rumbo hasta que una misteriosa transmisión de radio desde Grand Junction rompe el silencio. Esa señal le devuelve un atisbo de esperanza y lo empuja a dejar atrás su refugio. Así comienza un viaje peligroso y solitario, un camino sinuoso donde el instinto de supervivencia se cruzará con la calidez de nuevos lazos, como su encuentro fortuito con Cima (Margaret Qualley) y su padre, Pops (Guy Pearce), recordándole que la humanidad aún no se ha extinguido del todo.

«La Guerra de los Últimos» («The Dog Stars» en su título original) puede resultar convencional en cuanto a relato distópico (tiene elementos de «Soy Leyenda» la saga de «Exterminio», entre otros), algo con lo cual no colabora demasiado la banda sonora de Harry Gregson-Williams, que resulta parecida a la realizada por Gustavo Santaolalla para «The Last of Us». A su vez tenemos un caso similar con el contexto y los enfrentamientos entre los distintos grupos de sobrevivientes, pero si en algo se destaca la propuesta de Ridley Scott es en los personajes y sus dinámicas. El desarrollo de sus protagonistas —donde se refleja el costado más humanista y existencialista del director—, sumado a los vínculos que se dan entre ellos, es donde el relato cobra vuelo y se distingue de la inmensa mayoría.

Asimismo, los intérpretes hacen un trabajo magnífico y resulta envidiable el reparto con el que contó el director británico (incluso hay personajes secundarios personificados por Allison Janney y Benedict Wong que también contribuyen a construir este escenario desolador).

Quizás lo más peculiar del relato tenga que ver con el tono y el ritmo, que parecen víctimas de dos situaciones relacionadas: por un lado, da la impresión de que hubo un recorte en ciertos momentos, lo que impide que algunos de ellos se desarrollen en el tiempo adecuado —o en un plazo más acotado del que necesitan—; y por otro, en algunos pasajes se siente desarticulada o con secuencias tan marcadas que la vuelven episódica y poco amalgamada como historia en sí, algo que quizás tenga que ver más con su origen literario, medio en el que probablemente funcione mejor dicha estructura.

No obstante, el filme comprende una historia sumamente entretenida y disfrutable que se permite ser reflexiva en algunos pasajes y más arrolladora y volcada a la acción en otros. Todo acompañado por una maravillosa puesta en escena de Ridley Scott que demuestra que sigue teniendo un enorme talento para filmar.

Puntaje:

 

 

Trailer:

 

Martín Goniondzki

 

 

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