Crítica de «Birds of Paradise» de Sarah Adina Smith (2021)
En tan solo un puñado de proyectos en cine y TV, la guionista y directora Sarah Adina Smith ya ha logrado forjarse un molde de expectativas a las que su trabajo le suele dar la bienvenida. Usualmente son ambiciones temáticas que envalentonan una narrativa sostenida en cierta inventiva, sea desde la dirección como en su ópera prima «The Midnight Swim» o desde el montaje con su película más conocida hasta ahora «Buster’s Mal Heart», cuyo poster y nombre nos suena a muchos como «ese poster bastante indie con Rami Malek que vi en internet».
En esta última media década se la pasó haciendo un tour de estudios televisivos, con proyectos para TBS, HBO, FX, Amazon Studios y Hulu. Se ve que le gustó Amazon porque ahí es donde fue a parar «Birds of Paradise». Un drama que en la superficie conocemos todos acerca de una rivalidad entre estudiantes de un prestigioso instituto de ballet parisino, pero que en manos de Adina Smith se vuelve una experiencia constantemente interesante y con más intrigas que seguridades. El film se mueve en ese espacio entre la seguridad que nos brinda el territorio cinematográficamente conocido y alguna de las partes algo más novedosas para el paladar cinéfilo. El resultado puede tener el inusual efecto de satisfacer tanto a veteranos como nuevos acólitos por igual.
La tentación de cualquier cineasta moderno sería empapar este relato de oscuridad psicológica que lo tengan a uno relativamente al borde de la butaca hasta la inevitable decepción de un giro final, pero afortunadamente este no es el caso. La película ya sabe que tenes vistas todas las que se le parecen, y no planea llevarte por un camino ya recorrido. Entre tantos ejemplos posibles que van desde lo obvio hasta lo no tanto: el interior del instituto hace más que inspirarse en «Suspiria» de Argento y todo lo que va más allá de arquitectura grita «Black Swan» de Aronofsky. Una de las fortalezas de Adina Smith es robar en cantidad elementos tan amplios como específicos, y enfocarlos de forma mucho más harmoniosa para ofrecer algo relativamente nuevo, en lugar de un típico «mirá lo que estoy haciendo». El nombre de la obra a la vez recuerda a «Phantom of the Paradise» de Brian De Palma, un film lleno de excesos que explora cómo la estructura que reina sobre los artistas es también la maquinaria que los destruye desde adentro. No es sólo el nombre lo que toma de ahí, por supuesto.
El juego de protagonistas que «Birds of Paradise» propone requiere un equilibrio bastante difícil de obtener no sólo en cuanto a tiempo en pantalla sino por el peso narrativo dado a cada una de ellas. Kristine Frøseth («The Society», «Looking for Alaska») es una niña rica con pasado trágico, mientras que Diana Silvers («Booksmart», «Ma») hace de una becada recién llegada de Norteamérica con tragedias algo más cotidianas. Todo film descansa demasiado en sus protagonistas pero no muchos guiones o directores fortalecen esos roles para que sus hombros puedan con ese peso, este film sirve como buen ejemplo de cómo hacerlo bien. En cuestiones de realización más específicas, hay buenas (aunque no espectaculares) labores en lo que es la banda sonora, fotografía y diseño de producción. No es que Smith descuide el aspecto visual en sus películas, pero sí le gusta depender un poco más del uso de sonido para crear sus ritmos y ambientaciones.
Este es el trabajo de una cineasta que toma pasos valientes y acertadamente firmes, proyecto a proyecto, alentando a que actores, estudios y espectadores por igual la acompañen en su próxima inesperada aventura. «Birds of Paradise» tiene todo como para sumar una buena cantidad de jóvenes a la bandada que ya viene armando, siendo el target demográfico con sed eterna de contenido teen por streaming probablemente su principal objetivo. Es una lástima entonces que el apoyo de marketing por parte de Jeff Bezos haya sido tan reducido como desacertado, vendiéndola por sus cómodas superficialidades en lugar de su más nutritivo interior. Pero bueno, tampoco es que el sistema dé oportunidades merecidas sino más bien da siempre las que le conviene, una realidad que esta película sabe muy bien.
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli

