CINE

Crítica de «Strange Darling» de J.T. Mollner (2023)

En un 2024 con varias películas polémicas, «Strange Darling» es sin dudas la candidata más cinéfila a ser la cinta más discutida del año. Con el título traducido como «Asesino Serial», tratando de despojarla de toda cualidad misteriosa o evocativa que lograba con su nombre y poster originales, esta es una de las experiencias más particulares del año tratando de venderse al público como «ya sabés exactamente qué es esto». Aunque se trata de una decisión de marketing nacida del terror absoluto de que el público en general ya no va al cine a darle oportunidades a algo poco claro, hay un argumento que hacer a favor de que este cambio le venga como anillo al dedo a una película que sabe que tu comodidad como espectador es tanto su principal enemigo como su más valioso aliado.

Presentado como «un thriller en seis partes», la cinta arranca desde el Capítulo 3 y de ahí en adelante nos llevará dando saltos por una historia que en un principio parece totalmente obvia, directa o elemental. Un hombre armado persigue en una camioneta a una mujer que termina teniendo que refugiarse en el bosque. Lo interesante es que si bien la primera mitad plantea un juego del gato y el ratón relativamente cautivante, lo envuelve también en toda una estructura estética (desde la propuesta de fotografía, la dirección de arte e incluso los saltos que da el guion a lo largo de su trama) que nos hace sospechar acorde avanzan las escenas que todo no es simplemente lo que parece ser.

Destaca por sobre todo es la sorpresiva aparición de Giovanni Ribisi en la dirección de fotografía, no solo por su renombre como actor sino por la excelente propuesta desde el uso expresivo de luces y colores. Son estos trabajos tan burdos (en el buen sentido) los que ayudan a que las audiencias generales se interesen por cuestiones cinematográficas algo más que nicho que las entrevistas a actores en la alfombra roja.

Tiene un tono juvenil, una estructura desestructurada y un amor por la estética de épocas pasadas, por lo que es un proyecto absolutamente tarantinesco que logra ofrecer fortalezas propias algo ajenas a la obra de Tarantino que alcanza para separarla un poco de esa fácil comparación. El director y guionista J.T. Mollner creó una obra con mucha personalidad, que además de todo lo que intenta (y en algunos puntos logra) en lo macro también en lo micro sirve para otorgarle al dúo protagónico varias escenas que por mucho exceden el nivel usual de los thrillers modernos. Quizás otra comparación demasiado sencilla de hacer sea el trabajo de Ti West, que recientemente cerró su trilogía de «Maxxxine». Gracias a Dios comienza a haber autores relativamente jóvenes que encuentran en los encantos del cine de los 60s, 70s y 80s toda una estética mucho más lúdica e interesante que la esterilidad que rige cada vez más de los 2000s para acá.

Desafortunadamente, por todo lo bueno que podamos decir de sus intenciones, «Strange Darling» tiene una ejecución entre noble e irregular que seguramente no sea para todos. En un género ya de por sí de nicho, aunque con todo el sostén de un público cinéfilo que la eleva en contextos propios como festivales, ciclos de cine, Twitter o Letterboxd, no la ayuda que la subjetividad del espectador sea atacada durante la película. Se prioriza cierto nivel de snobismo por sobre el disfrute de la audiencia, ofreciendo elecciones creativas que solo pueden describirse como autocomplacientes. Todo esto puede ser una debilidad o fortaleza de acuerdo al espectador, y ciertamente incluso sus yerros son cuestiones a valorar en un panorama moderno que castiga todo lo que no sea la uniformidad plástica que pueda satisfacer sin provocarle miedo a los inversores.

En su voluntad por hacer una película más para ellos que para la audiencia, Mollner y Ribisi (al igual que el resto de los creativos participantes) crearon un pequeño fenómeno independiente que continúa recompensando o castigando curiosos por igual. «Strange Darling» es una película por demás juvenil en todo sentido posible, de esas que pueden volverse una experiencia formativa para muchos jóvenes cinéfilos. Ojalá todo año tuviese más que un par de estas pequeñas joyas más viciadas que impolutas que atentan contra ese supuesto «buen gusto» que es la adicción insana por lo sanitizado vendida siempre como «popular».

Puntaje: 


 
 
 
Tráiler:

Leandro Porcelli

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