Crítica de «El Jardín del Deseo» de Paul Schrader (2022)

«Terciopelo Azul» (1986) de David Lynch comenzaba con una secuencia de un jardín de los suburbios de Carolina del Norte donde se veía una vida alegre y despreocupada por parte de los ciudadanos. La cámara comenzaba a recorrer esos lugares hasta terminar debajo del césped demostrando cómo se esconden los bichos (o alimañas) debajo de la superficie. Paul Schrader es un cineasta que últimamente también se dedica a explorar la oscuridad escondida en los entornos cotidianos.

El guionista de «Taxi Driver» (1976) y director de «Hardcore» (1979) y «American Gigolo» (1980), vuelve a ofrecernos un thriller de esos que se cocinan a fuego lento donde sigue explorando el concepto de «hombre solitario de Dios» para terminar de moldear una vez más a un protagonista imperfecto que huye de un oscuro pasado y que probablemente volverá a hacerse cargo de su presente.

Hemos visto varias veces en gran cantidad de películas, personajes que han atravesado tormentas y todo tipo de infortunios de los cuales han podido escapar milagrosamente. Dichos individuos intentan reinsertarse en la sociedad, pero por lo general en algún momento vuelven esos fantasmas del pasado a ponerlos en una encrucijada que los acerca hasta un nuevo abismo de oscuridad (muchas veces representado por la violencia). Este concepto es uno que Schrader viene explorando desde el principio de su carrera y que relato a relato consigue perfeccionar o darle un nuevo giro interesante. Si vemos sus tres últimos trabajos «First Reformed» (2017), «El Contador de Cartas» (2021) y este último film del año pasado, podemos hablar de variaciones de un mismo tema, pero de un grado de rigurosidad implacable que podría emparentar a estos relatos y convertirlos en una especie de trilogía. Incluso desde sus formas y su estilo narrativo, «El Jardín del Deseo» (o «Master Gardener» en su idioma original) guarda muchísimos puntos de contacto con la del film protagonizado por Oscar Isaac.

En aquella película teníamos a William Tell, un exmilitar atormentado por su pasado que iba de casino en casino jugando distintos torneos de póker profesional, llevando una existencia predecible y repetitiva hasta que un joven se cruza en su camino cambiando todo el foco de la cuestión y presentándose como un posible escenario de redención. Aquí en «El Jardín del Deseo», Narvael Roth (un impecable, ascético y estoico Joel Edgerton) se nos presenta como un meticuloso jardinero/horticultor de los jardines Gracewood. Esta finca que es dirigida por la Sra. Havernhill (Sigourney Weaver) representa un apasionante lugar para Narvael que cuida metódicamente hasta el más mínimo detalle de cada una de las plantas de la acaudalada señora como si fueran propias. Un día la Sra. Havernhill le ordena a Roth que tome como aprendiz a su rebelde sobrina nieta Maya (Quintessa Swindell). Esta nueva situación va a sacar a la luz oscuros secretos de un pasado violento que también es una amenaza para todos.

Quizás aquí se le agrega un interés romántico respecto a su protegida de turno, algo que no aparecía en el film anterior, pero que cobra sentido mediante la gran revelación del pasado de Narvael poniendo al protagonista y a su compañera al pie de otro conflicto. Esa relación compleja yuxtapuesta con la otra de dominio que establece la señora Havernhill vuelcan por momentos esta película al melodrama, y a terrenos más inexplorados para Schrader que enriquecen la narración. Pero en lo estrictamente narrativo se tocan varias notas fundamentales que hemos visto en el pasado. Incluso, el agregado de pequeños flashbacks desperdigados durante todo el metraje, contribuyen a ir tirando pequeñas revelaciones a cuentagotas que nos describen un poco más al solitario personaje principal.

Asimismo, resulta interesante como quizás esta película termina siendo una de las más optimistas del director, con un final feliz algo convencional y alejado del habitual tono del autor. «El Jardín del Deseo» es un thriller asfixiante y maravilloso que continúa mostrándonos a un Paul Schrader en plena forma, explorando sus habituales inquietudes y/o temáticas pero volcadas al terreno de la convulsionada sociedad norteamericana contemporánea.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Martín Goniondzki

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