Crítica de “Ernest y Célestine” de Stéphane Aubier, Vincent Patar y Benjamin Renner (2012)

“Ernest y Célestine” (en francés, “Ernest et Célestine”) es una película de animación franco-belga, es decir, no es exclusivamente de Bélgica, pero sí está basada en una serie de libros infantiles de la autora e ilustradora belga Gabrielle Vincent. Consideramos interesante realizar una crítica de la misma porque es una verdadera belleza y nos resulta muy llamativa su realización.

Para su animación se creó un software especial para transportar el aspecto exacto de las acuarelas de la autora a la computadora, y se utilizó una técnica poligráfica en la cual se prescinde del papel, es decir, se produce una auténtica comunión entre las nuevas tecnologías y la tradición, aprovechando éstas para dar vida con novedosos resultados a un estilo de dibujo vintage de perfilados originales.

La sinopsis es tan simple como la siguiente: Célestine, una ratoncita valiente aficionada a la pintura decide desoír las advertencias de la sociedad subterránea de ratones en la que vive y hacerse amiga de Ernest, un pobre oso artista que malvive en la superficie ignorado por el resto de osos. Con esta sencilleza infantil porque sí, se trata de una película para niños (y también grandes). Se gestó una cinta visualmente atractiva, distinta a otro tipo de animación, pero sin lugar, muy novedosa, sobre todo, por la técnica con acuarelas.

La historia es verdaderamente emocionante y conmovedora, y resalta muchos rasgos a los que quizá no se les presta atención como la amabilidad, la cordialidad y la amistad. Graciosa en varios momentos, y con los dos personajes principales que son magníficos. Estereotipados, sí, pero era necesario para relatar este cuento, y funciona bien.

La música es muy destacable también, ya que, sutilmente, va introduciendo al espectador en los momentos alegres, en los de peligro, en los tristes con mucha naturalidad, y en la animación es algo primordial.

De todas maneras, lo que vale en sí en la película es el tema de la propia identidad. Es una ratoncita que lucha por lo que verdaderamente quiere, que es pintar, mientras que consigue casualmente a un enorme mentor, que es el oso que siempre quiso dedicarse al arte. Ambos luchan por ello y dejan un hermoso mensaje para los más chicos (y repetimos, ¿por qué no también a los adultos?).

En síntesis, esta nominada al Óscar como mejor animación (perdió ante “Frozen”) es una auténtica delicia para los fanáticos de este arte dentro del cine, pero también es una hermosa cinta para cualquiera al que le guste una buena historia con un excelente mensaje.

Puntaje: 

Tráiler:

 

Manuel Otero

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