Crítica de «Venganza Silenciosa» de John Woo (2023)

John Woo es uno de los directores más importantes del cine de acción como lo conocemos. Su obra influenció a toda producción del género realizada luego de que irrumpiera en la escena de Hong Kong a fines de los 80s y principios de los 90s con clásicos imperdibles como «Un Mejor Mañana» (1986), «El Asesino» (1989) o «Hard Boiled» (1992). Con esas recomendaciones absolutas mostró no solo cómo mezclar la acción de armas de fuego con las técnicas visuales tan dinámicas reservadas al género de artes marciales, sino el sello distintivo de hacerlo al mismo tiempo que se impregna todo de un nivel de sinceridad y melodrama que desde la música hasta la puesta en escena o el nivel de romance y hermandad en sus guiones, podrían a simple vista resultar «demasiado» para paladares malacostumbrado a lo corriente. Sus producciones hollywoodenses se resumen fácilmente en los intoxicantes excesos de «Contracara» (1997) y «Misión Imposible 2» (2000), pero también es su legado el hecho de que sin su monumental trabajo no hubiésemos tenido pilares del género como lo son «Matrix», «John Wick» o «Bad Boys» que sus entusiastas fanáticos terminaron creando empapados por su admiración al maestro. Pero todo eso está en el pasado, ¿puede una eminencia como Woo volver a entregar una de acción completamente entretenida pasada la tierna edad de 75 años?

«Venganza silenciosa» se vende de dos maneras: como una peli de acción navideña y con la gimmick de ser mayormente sin diálogo. Joel Kinnaman («The Killing», «House of Cards», «Suicide Squad») encarna a un padre de familia que en medio de una sangrienta tragedia, pierde la voz debido a un disparo que perfora su garganta. La fórmula de ahí se completa sola, ya que va a prepararse para cobrar venganza por lo sucedido, pero lo particular con Woo no es el qué sino el cómo. En este caso lo que obviamente es una entrega más en el sinfín de cintas similares a «Taken» (2008), termina ejecutándose con todo el esfuerzo enfocado en el viaje emocional de su protagonista además de con el sacrificio que ejerce en uno la enceguecida sed de venganza.

Primero lo primero: si bien la tragedia inicial ocurre en navidad, la gran mayoría de la película tiene lugar entre principio del año siguiente y todos los meses de preparación de nuestro protagonista hacia el climático objetivo de cobrarse venganza un año después en la siguiente nochebuena. Eso no solo significa que a grandes rasgos la estética navideña brilla por su ausencia en el groso de la duración del filme sino que, en una de las primeras evidencias de que le hubiese venido más que bien algunos borradores más al guión, además vamos a terminar viendo una cantidad enorme de montajes de entrenamiento, preparaciones y demás atentados en contra de darle importancia a todo lo que precede a la venganza final. El cliché de un «montaje de entrenamiento» existe no solo porque su lenguaje ya se ha convertido en un clásico satisfactorio en sí mismo, sino porque es una realidad que la preparación a un evento de suma importancia que ya sabemos va a tener lugar termina ofuscando con su anticipación cualquier intención que tengan las secuencias previas. El resultado es que, luego de un arranque bastante bueno, nos encontramos con la decepción, primero  inmediata de que esta peli de acción navideña no es tan navideña, y luego sostenida de que la mayoría de lo que vamos a ver no es más que un preámbulo para lo importante.

De todas maneras, lo realmente lamentable es que el susodicho acto final también termina decepcionando. La fórmula de peli de acción «a lo Taken» siempre fue más una fórmula para atraer público exprimiendo estrellas que ya no están para protagonizar otro tipo de peli de acción, en lugar de lo que deben entregar siempre los buenos ejemplos del género: un vehículo para intensidad de emociones y secuencias adrenalínicas. Peor aún, es una verdadera lástima que un subgénero creado para protagonistas cercanos a los 60 años desperdicie el potencial de un protagonista que es una masa gigante de músculos de 40 años. O el film debería haber tenido más y mejor acción aprovechando las bondades de Kinnaman, o se hubiese beneficiado de una elección bastante diferente para su protagonista. La redención conjunta, tanto del protagonista del film como de su cierre narrativo, es que termina poniéndole un buen moño dramático a la acción que terminó dejando bastante que desear. Repasando en limpio: la peli tiene un muy buen inicio, un lamentable intermedio que culmina en un decepcionante clímax, pero momentos finales que logran evocar algo similar a esos destellos positivos de un principio.

Lo más positivo de todo es que la jodita de que haya una ausencia casi total de diálogo está bastante bien ejecutada, con muy breves y contados momentos en los que se siente más forzado que natural. Este no es el único indicio de que Woo incluso pisando los 80 años todavía tiene claro cómo armar una película, ya que también toda la parte emocional y melodramática está realmente muy bien. Obviamente maneja un registro muy potente que pueda resultar demasiado para aquellos que lamentablemente no estén acostumbrados a los niveles de sinceridad que manejan las películas de Woo, pero es más que satisfactorio incluso si uno termina sonriéndose por lo meloso de algunos golpes bajos. «Silent Night» es mejor peli de acción que peli navideña, pero a su vez es mejor drama que película de acción. Recomendable particularmente para aquellos fans que a esta altura consideran cada nueva película del maestro como un regalo bajo el árbol por el cual estar agradecido, pero que quizás encuentre en los amantes de aquellas cintas a lo «Taken» sin disgusto por la emotividad un buen rato para ocupar una velada.

Puntaje:


 
 
Tráiler:

 
Leandro Porcelli

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