Crítica de «Willy’s Wonderland» de Kevin Lewis (2021)

Mucho se habla sobre Nicolas Cage, su carrera y sus tan variadas producciones cinematográficas. Últimamente se lo juzga por la elección de papeles que suele abrazar, la mayoría de los cuales están en el VOD (video on demand, aquellas películas que van directo a los servicios de streaming o plataformas digitales y que no suele pasar por los cines). Lo cierto es que, desde el año pasado, con el surgimiento del COVID-19 hemos tenido pocos estrenos en salas, haciendo que se mire con otros ojos a las películas antes conocidas como «direct-to-video». No obstante, esta es solo una cara de la cuestión. Porque además de ser inevitable que el público se vuelque a los productos audiovisuales disponibles más allá de los grandes blockbusters interrumpidos por la pandemia, también está el asunto que interpela a Cage como artista.

Desde hace varios años, y quizás desde el comienzo de su carrera, se puede vislumbrar el deseo de Nicolas de recurrir a un registro interpretativo «no realista», más excéntrico y estridente fuera de los cánones establecidos por el cine convencional. Basta con ver «Mandy» (2018) de Panos Cosmatos y su composición de «Ghost Rider» (2007), entre varias otras para ver que su estilo es más grotesco y desatado que el de sus colegas. Esto no necesariamente lo convierte en un mal actor sino en uno que decide tomar otra clase de riesgos o papeles. Por eso es absurdo pedirle que interprete a papeles realistas, y esa es principalmente la clave para disfrutar una película como «Willy’s Wonderland».

En esta oportunidad, ya desde la premisa podemos notar el tono que va a tener el film o al menos lo que pretende ser. Un hombre (Nicolas Cage) se encuentra atravesando la ruta con su auto deportivo a toda velocidad, cuando termina destruyendo y pinchando sus cubiertas, por una barricada colocada por la fuerza policial de un pequeño poblado aledaño. Los lugareños se ofrecen a arreglarle sus neumáticos, a cambio de pasar una noche limpiando un perturbador salón de fiestas infantil que está abandonado desde hace años. El problema con el que no cuenta este hombre es que el lugar se encuentra acechado por el fantasma de unos asesinos que poseyeron a los muñecos animatrónics infantiles y que tienen una sed de sangre descontrolada.

La trama habla por sí sola y la elección del protagonista también. El absurdo que envuelve a la película es totalmente buscado y más allá de que no es tan divertido o gracioso como uno espera de su sinopsis argumental, la obra es sincera y no aspira a ser más de lo que pretende. El guion presenta varias lagunas narrativas e incluso algunos deux ex machina que hacen avanzar la trama solo porque sí, y sus personajes dejan bastante que desear a excepción de la figura protagónica. Nicolas Cage interpreta a un personaje enigmático, desmedido y que a nivel físico (en la lucha con las criaturas robóticas) y gestual dice mucho más que a nivel verbal (su personaje no dice una sola palabra en toda la película).

El film resulta entretenido y sin pretensiones más que la de abrazar la ridiculez de su concepto hasta el paroxismo. A no confundir, el film es menor, pero nos hace pasar un buen rato en esta obra que parece una adaptación no oficial del videojuego «Five Nights at Freddy’s».

«Willy’s Wonderland» deleitará a los fans de Cage y probablemente enoje a sus detractores, pero lo cierto es que es un escapismo perfecto dentro de este período de aislamiento y encierro, incluso con todas sus fallas y sus pocos aciertos.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Martín Goniondzki

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