Crítica de «Parque Lezama» de Juan José Campanella (2026)
Hace tiempo Juan José Campanella llevó al teatro «Parque Lezama», una adaptación de «I’m not Rappaport» de Herb Gardner. La protagonizaron Luis Brandoni y Eduardo Blanco, logrando un éxito absoluto por su forma de abordar los temas de la vejez desde una sólida comedia dramática. No solo se destacaba la mirada de Campanella, sino también la interpretación de dos pesos pesados de la actuación argentina.
El gran desafío que asumió ahora el director es traspasar esta obra a la pantalla grande, tratando de mantenerse fiel a su esencia pero sin que se sienta demasiado teatral en su ejecución. Es así como hoy llega Parque Lezama a 35 salas argentinas y desde el 6 de marzo estará disponible en Netflix para todo el mundo.
Para quien no haya visto la obra previamente, «Parque Lezama» se centra en dos hombres mayores que pasan sus días en el banco del lugar. Tienen personalidades completamente opuestas, por lo que chocan en varias oportunidades, pero se hacen compañía frente a la soledad. Uno vive inventando historias sobre un pasado que no sabemos si sucedió, es combatiente y se anima a enfrentarse a los peligros que atraviesan en el parque, mientras que el otro es más conservador y prefiere no levantar la perdiz frente a los obstáculos.
Es un poco difícil despegar al film de la obra original, ya que su puesta en escena no difiere demasiado. Siguen siendo dos hombres sentados en el parque, con la interrupción e interacción de diferentes personajes que van pasando por aquel lugar: familiares, delincuentes y hasta personas que buscan en la plaza un espacio de distracción y escape.
Nuevamente la mirada está puesta en Luis Brandoni y Eduardo Blanco, que realizan dos maravillosas interpretaciones (aunque la voz de Blanco puede resultar un tanto extraña), para retratar un momento complejo de la vida: el ser lo suficientemente adulto como para poder tomar decisiones y ser responsable, pero también lo suficientemente grande como para que los demás empiecen a creer que ya no se puede valer por sí mismo.
Las situaciones por las que atraviesan los protagonistas son bastante hilarantes, por lo que nos sacarán más de una sonrisa con las ocurrencias y resoluciones que tendrán para resolver los inconvenientes, pero también tendremos algunos momentos más sentimentales y dramáticos. En ese sentido también cobra un gran valor el diálogo y el trabajo que existe detrás, ya que todo el peso dramático se encuentra en las palabras y las actuaciones.
Dos horas de duración pueden resultar un poco excesivas para una película de este estilo que apuesta todo a situaciones más estáticas, por lo que por momentos se siente un poco larga y repetitiva.
En síntesis, «Parque Lezama» puede perder un poco en el traspaso de la obra teatral a la pantalla grande, debido a su larga duración y su puesta en escena más estática. Sin embargo, el poder de las palabras, la temática necesaria e importante que aborda y las destacadas actuaciones de sus protagonistas nos mantendrán atentos a ver qué ocurre con estos dos personajes porteños tan peculiares.
Puntaje:
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Samantha Schuster

