Crítica de «Back to Black» de Sam Taylor-Johnson (2024)

Desde hace un tiempo las biopics empezaron a volverse cada vez más recurrentes y populares. Es así como tuvimos una seguidilla de films de artistas como «Bohemian Rhapsody» (2018), «Rocketman» (2019), «Elvis» (2022), «I Wanna Dance With Somebody» (2022), «Bob Marley: One Love» (2024), por mencionar solamente algunas basadas en cantantes o bandas y que se estrenaron recientemente. Pero también es un fenómeno lejos de acabar porque, por ejemplo, Sam Mendes anunció que va a realizar cuatro películas sobre Los Beatles, una por cada integrante.

Si bien comprendemos el atractivo de conocer los pormenores personales y laborales de personalidades reconocidas y que tienen o tuvieron vidas llamativas, también se entiende el agotamiento que sienten algunos espectadores frente a estas historias, ya que por lo general suelen seguir una fórmula preestablecida donde nos muestran el camino a la fama, muchas veces repentina, y cómo los protagonistas se ven envueltos en excesos, ya sean drogas, alcohol o sexo, debido a las exigencias que tienen en las giras o el ambicioso entorno que se encuentra a su alrededor.

Esta semana se estrenó una nueva biopic, esta vez centrada en la figura de Amy Winehouse, la cantante británica que se dedicó principalmente al jazz y al soul, con una voz única y un talento admirable pero que también luchaba con su adicción al alcohol, trastornos alimentarios y un comportamiento errático. Lamentablemente falleció a los 27 años por una intoxicación por alcohol pero logró trascender con su música.

«Back to Black» nos propone algo distinto al resto de las biopics que pudimos ver últimamente. Algo bueno o malo, dependiendo de quién lo mire (para mí traer algo novedoso y diferente siempre es bueno), ya que no se centra específicamente o únicamente en su carrera musical; su ascenso, grabación de los discos, giras y presentaciones, de hecho capaz se queda un poco corta en este sentido, sino que le da más relevancia a la parte personal y emocional de la cantante y cómo, a pesar del éxito y la fama, su adicción al alcohol, su relación intensa y a la vez tóxica con su novio Blake, el acoso de la prensa y su bulimia siempre estaban presente.

Tal vez su duración es un poco excesiva, pero la película logra transmitir el tormento emocional por el que transitaba Winehouse, al mismo tiempo que se muestra la contención familiar que recibía con una sentida construcción del vínculo con su padre y abuela (que en este sentido también podemos criticar el tratamiento sobre la figura de la madre de Amy, quien aparece al principio y parece que va a tener un rol fundamental en la trama pero desaparece retornando solo hacia el final y siendo un personaje totalmente intrascendente), y las distintas presentaciones que realizaba en conciertos y programas.

La música cumple un rol fundamental dentro del film, utilizando los temas más destacados de la discografía de Amy Winehouse como también las canciones y los artistas que la marcaron e inspiraron su rumbo. En este sentido es importante destacar la labor de Marisa Abela («Industry», «Barbie»), quien no solo luce bastante parecida a la cantante gracias al trabajo de maquillaje, vestuario y peinado, y trasmite sus distintos estados de ánimo y esa perfecta mezcla entre una joven sencilla y atormentada, sino que también le pone la voz a su interpretación, algo bastante complejo ya que Winehouse tenía un registro privilegiado y distintivo, y lo alcanza de manera maravillosa.

El resto del elenco también se encuentra muy bien en sus roles, destacándose principalmente Jack O’Connell como Blake, la pareja de Amy, con la cual construyeron una relación de amor intenso y toxicidad por las adicciones que compartían, y que si bien por momentos el guion intenta quitarle la culpa y mostrar su codependencia dañina por otros lo señala como uno de los villanos de la historia; Eddie Marsan como el padre de Amy, que a diferencia de algunas opiniones populares acá se lo muestra bastante contenedor y amoroso con su hija (aunque también es contradictorio lo poco que la ayuda a estar sobria y saludable, sin darse cuenta de nada de lo que estaba sucediendo a pesar de estar tan presente); y Lesley Manville como su abuela, que logra sacar el lado más tierno y adorable de Amy con un vínculo de amor puro.

Si bien la película puede posar su mirada más la vida personal y emocionalmente tormentosa de Amy Winehouse que en la musical, «Back to Black» resulta ser un film convincente y satisfactorio, gracias a que se aleja de las convencionalidades del género de las biopics y realiza un acercamiento más íntimo y dramático a la figura de la cantante. Se destaca la excelente labor tanto interpretativa como vocal de Marisa Abela y la buena presencia de los temas más destacados de la discografía, que aunque no profundiza demasiado la etapa de grabación, giras o proceso creativo, logra transmitir a través de sus letras la historia de una leyenda.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Samantha Schuster

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *