Crítica de “Cafarnaúm” de Nadine Labaki (2018)

Zain es un niño de 12 años (hasta donde calculan los especialistas ya que nunca fue anotado oficialmente) que decide demandar a sus padres por darle la vida y una dolorosa realidad que lo llevará por un complejo camino.

“Cafarnaúm”, cinta nominada a los Oscars como Mejor Película Extranjera (y que finalmente cayó ante “Roma”) nos trae una historia conmovedora que, si bien por momentos busca manipular emocionalmente al espectador a través de situaciones angustiantes, logra plasmar una cruda realidad mediante la mirada de un joven protagonista cuya actuación representa una revelación.

Películas como “Cafarnaúm”, que suceden tan lejos de nuestro hogar, sirven para contextualizar la situación que vive un país particular, a través de la mirada de sus directores, quienes pueden ser más o menos objetivos, pero que intentan contarle al mundo una perspectiva puntual. En este sentido, nos encontramos con un cuestionamiento fuerte, como es la decisión de traer un niño al mundo en un ambiente sin un futuro palpable, en medio de guerras, pobreza y tradiciones rígidas y arcaicas que van en contra de ciertos derechos. Dependiendo de dónde nos paremos podemos ver la negligencia de unos padres que no planifican (por ignorancia, falta de educación o por una función inherente al ser humano) tener una familia numerosa y que no se hacen responsables por el cuidado de sus hijos, o, el sacrificio que hacen para poder brindarles la mejor calidad de vida que ellos les pueden ofrecer a pesar de las circunstancias desfavorables. El film tiende a focalizar sobre la primera postura (aunque hacia el final el espectador puede ponerse del otro lado a partir de un discurso de la madre), sobre todo porque se centra en la figura de Zain, un chico pequeño que es más maduro que los adultos y que deberá rebuscárselas para sobrevivir, ya sea trabajando, robando o negociando frente a las dificultades de un contexto complejo.

Uno de los puntos más fuertes del film son sus interpretaciones, de la mano de un elenco de no actores. Principalmente debemos destacar la labor de Zain Al Rafeea, quien con tan solo 12 años se carga el film al hombro, sin haber tenido experiencias cinematográficas previas. Logra una empatía directa con el público a través de su mirada, sus gestos y actitudes. Mucho de su vida pudo haber influido a la hora de componer a su personaje, ya que es un refugiado sirio viviendo en el Líbano y que recién después de la película consiguió un pasaporte noruego para comenzar así su vida desde cero, yendo por primera vez a una escuela para aprender a leer y escribir. Este realismo se ve plasmado en él y en cada uno de los roles. Incluso por momentos nos da esa sensación de que nos encontramos ante un documental y no una historia de ficción por la crudeza del relato pero, sobre todo, por la naturalidad que transmiten sus actores. En este sentido se refuerza el hecho de haber seleccionado a personas sin experiencia previa en actuación para brindarle una mayor veracidad al argumento.

Como decíamos anteriormente, existen ciertos pasajes del film donde se puede ver una clara manipulación emocional (diversas situaciones a las que se tiene que enfrentar un niño o primeros planos y planos detalles que transmiten tristeza y dolor) pero, a la vez, también podría ser una realidad desconocida por todos nosotros y que se busca únicamente retratar los hechos que suceden en dicha sociedad. Sea de una forma o de otra, la película consigue conmover al espectador y enfrentarlo a un contexto crudo para generar conciencia y debate sobre los puntos de vista que plasma el film. Por otro lado, por momentos tenemos ocasiones que buscan aplacar tanto melodrama, apelando a la dulzura de su protagonista, que hasta podrá sacar alguna que otra sonrisa en la audiencia.

Hacia la última parte del film la historia se vuelve un poco redundante y pesada, introduciendo una subtrama que cobra por instantes mayor importancia que la central, pero esto no logra opacar el resultado final de la cinta.

En síntesis, “Cafarnaúm” nos relata una realidad cruda que, a pesar de caer en una manipulación emocional por momentos y volverse repetitiva hacia su conclusión, sale airosa a partir de la excelente actuación de un protagonista sin experiencia actoral previa, de un elenco que le brinda mayor veracidad y naturalidad al relato y un tono atinado elegido para contar una historia de estas características. Un cuestionamiento sobre las miserias humanas que podrá traer un debate posterior, pero que sin dudas generará algún tipo de sentimiento en el espectador.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Samantha Schuster

 

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