Crítica de «Cómo tener sexo» de Molly Maning Walker (2023)

Tara (Mia McKenna-Bruce), Em (Enva Lewis) y Skye (Lara Peake) son tres adolescentes británicas que se van de vacaciones a Malia, una ciudad dentro de la isla griega de Creta, para pasarla bien, tomar, salir a bailar, divertirse y hacer nuevas amistades. Allí conocerán a tres jóvenes con sus mismos objetivos, así que unirán ambos grupos. Sin embargo, lo que debía ser el mejor verano de sus vidas las enfrentará a distintas complejidades del sexo, el consentimiento, la resiliencia y el autodescubrimiento.

Dirigida y escrita por Molly Manning Walker, «Cómo tener sexo» («How to have sex», en su idioma original) es una película que viene a plasmar las vivencias de la adolescencia, con las primeras experiencias, la búsqueda de construir la propia identidad, los miedos y las inseguridades, desde un costado fresco, realista y sin tapujos.

Lo que comienza de manera distendida, divertida y descontrolada, se va volviendo mucho más tensa y preocupante a medida que la historia se va desarrollando y los días de vacaciones van avanzando, hasta un giro narrativo que va a sorprender e impactar al espectador y cambiar la visión del film y los protagonistas que la interpretan. Si bien la directora no busca juzgar a los distintos personajes, sus formas de actuar, de callar, no darse cuesta o preguntar qué es lo que está sucediendo, plasma toda la información en pantalla para que el público pueda sacar sus propias conclusiones. 

Tal vez todo el foco está puesto en Tara, a quien conocemos más en profundidad y podemos ver las distintas sensaciones por las que va transitando, y el desarrollo del resto de los personajes es bastante superficial, pero porque la directora quiere contar su historia en particular y los demás adolescentes podrían ser ellos o cualquier otros. Representan la presión social, los mandatos, el camino a seguir si no se quiere quedar afuera de la manada.

Incluso, en un momento del film seguimos al grupo en una de sus salidas nocturnas, pero sin la presencia de Tara. Inmediatamente, la estructura va a tener un giro a través de un flashback donde vamos a poder ver lo que realmente sucedió esa noche desde su punto de vista.

Mia McKenna-Bruce se pone la película en sus hombros, logrando retratar, principalmente con sus gestos y miradas y no tanto con sus diálogos, lo que le pasa a su personaje. Cómo su vida se ve transformada por un hecho en particular y cambia su actitud de «pasarla bien y descontrolar la noche sin importar las consecuencias» a «intentar que nadie se dé cuenta lo que sucedió». Tal vez porque ella misma no lo entiende, porque no quieren que la juzguen, porque muchas veces las miradas se posan más en las mujeres que en los hombres, porque no quiere arruinar las vacaciones de sus amigas, porque se siente incómoda o culpable. De cualquier manera la actriz consigue transmitirnos todas esas sensaciones de una joven perturbada de una manera convincente y conmovedora.

El resto del elenco hace un buen trabajo, pero como decíamos anteriormente, funcionan como personajes más universales: algunos en una postura más condescendiente o contemplativa, otros forjando esa presión social que tanto existen en los grupos de adolescentes.

Todo esto va a estar contrastado con una banda sonora poderosa y a puro ritmo, un clima festivo, de excesos, vestuario lleno de colores estridentes, lentejuelas y estilo, que logra contextualizar el universo en el que se mueven los jóvenes británicos en la actualidad. Se muestra de una manera sutil a través de la imagen la celebración y el caos por las noches vs. la decadencia y frustraciones por las mañanas.

La película por momentos puede remitirnos a «Aftersun», en el sentido en el que es una pequeña película británica centrada en unas vacaciones que a primera vista parecen divertidas, donde se aborda un vínculo fuerte y entrañable, pero que poco a poco todo eso se va tiñendo de drama y melancolía, hasta dejarnos una sensación de angustia. Dos obras sutiles y sumamente efectivas que nos interpelan.

En síntesis, la ópera prima de Molly Manning Walker es un buen retrato de la adolescencia y las presiones sociales que reciben los chicos para comportarse de una determinada manera si quieren pertenecer. El consentimiento, vivir las experiencias según los tiempos y necesidades de cada uno y no caer ante la imposición son temas fundamentales que trata el film. Con una gran interpretación de McKenna-Bruce y una interesante mirada de su directora, como también del clima que logra construir, «Cómo tener sexo» es un coming of age intenso, sorprendente y necesario.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Samantha Schuster

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