Crítica de «Crimes of the future» de David Cronenberg (2022)

Luego de 8 años de inactividad, el maestro de «la nueva carne» vuelve a la carga con una compleja cinta que encapsula sus cincuenta años de trayectoria. En nuestro país, la cinta podrá ser disfrutada a partir del 14 de julio en unas pocas funciones especiales en Sala Lugones para quienes la quieran disfrutar en pantalla grande y del 29 de julio por la plataforma MUBI.

«Crimes of the future» sucede en un futuro distópico donde la especie humana se ha adaptado a un entorno artificial. El cuerpo humano es objeto de nuevas transformaciones y mutaciones. Saul Tenser (Viggo Mortensen) y su compañera Caprice (Léa Seydoux), célebres artistas performativos, escenifican la metamorfosis de sus órganos en espectáculos de vanguardia. Timlin (Kristen Stewart), una investigadora de la Oficina del Registro Nacional de Órganos, sigue de cerca sus prácticas. Es entonces cuando un grupo misterioso aparece deseando aprovechar la fama de Saul para revelar al mundo la próxima etapa de la evolución humana.

Como bien se explicita en su sinopsis, David Cronenberg reanuda un concepto recurrente dentro de su filmografía: la evolución del cuerpo humano. Toma esa corporeidad de forma literal y la utiliza para exponer su inagotable imaginario, con el arte y el dolor como vehículo de carga. Repasemos un poco: en las décadas del 70’ y 80’, el cineasta canadiense se convirtió en el estandarte del body horror. El subgénero del terror, dedicado a exhibir intencionalmente alteraciones grotescas en el cuerpo humano, fue prácticamente una invención suya (junto a John Carpenter) con películas como «Rabid» (1977), «Videodrome» (1983) o «The fly» (1986).

Ya en el nuevo milenio, comenzó una segunda etapa en su carrera. Dejó de lado las deformaciones corporales, pero no la necesidad de perturbar. Es así como se dedicó a contar historias perturbadoras que afectan al espectador psicológicamente. En esa faceta comenzó su relación cinematográfica con Viggo Mortensen. Junto al actor argentino creó «A History of Violence» (2005), «Eastern Promises» (2007) y «A Dangerous Method» (2011). Llegamos al día de hoy, con este cuarto trabajo en conjunto, que reúne el impacto visual de la primera etapa con el nivel intelectual de la segunda.

La combinación de los dos tópicos predilectos del director resulta en una obra profundamente discursiva que no teme ser controversial y retoma aquellos vanagloriados efectos prácticos, de décadas pasadas, que tanto realismo le aportan al relato. No se trata solo de una celebración u homenaje a su propia obra. El autor lleva un paso más allá su concepto y lo dota de múltiples lecturas y opiniones que conciernen a la política, el medio ambiente, la evolución, el arte, el sexo y la existencia misma del ser humano. Tamaña odisea cinematográfica no se sale del todo airosa y sufre de una densidad argumental que pone a prueba al público. Dicha cualidad es, seguramente, el motivo por el cual su estreno en el país es bastante acotado y desemboca directamente en una plataforma reconocida por tener un catálogo principalmente de cine de autor.

Antes de concluir, destacamos brevemente el trabajo actoral del tridente conformado por Mortensen, Seydoux y Stewart. Principalmente de la última. Quien, en los últimos años, viene creciendo enormemente y en esta ocasión compone a un personaje difícil y particular que participa de los momentos más hipnóticos del metraje.

Sin más que agregar, por miedo a estropear la experiencia, recomendamos asistir al visionado del film con los sentidos bien despiertos. De la mano de una estética meticulosamente clásica y una atmósfera sonora envolvente, prepárese para sumergirse en una magnética película conceptual llena de poesía, sangre, sexo y mucho en qué pensar.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Javier Franco

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *