Crítica de «Días Perfectos» de Wim Wenders (2023)

El director alemán Wim Wenders, una de las figuras más importantes del llamado «Nuevo Cine Alemán», vuelve a la pantalla grande con un largometraje de ficción (ha estrenado gran número de documentales también) donde rinde homenaje a sus influencias a partir de un relato minimalista enfocado en la simpleza de la vida cotidiana contrastada con la complejidad de las relaciones humanas y las emociones.

Sin dudas podemos definir a «Perfect Days» como el regreso triunfal de Wenders a la ficción. El director de gemas como «El Amigo Americano» (1977), «Paris, Texas» (1984) y «Las Alas del Deseo» (1987), por solo nombrar algunos títulos, nos trae una película atípica dentro de su filmografía que podemos emparentar más con sus gustos como cinéfilo. Wenders es un gran admirador del cine de Yasujiro Ozu, uno de los pilares fundamentales del cine japonés, de hecho, tiene un documental de 1985 donde profundiza sobre la figura del director nipón titulado «Tokio-Ga»; en este largometraje parece rendirle culto a su cine y a la cultura japonesa por medio de un relato que ahonda en la vida rutinaria y calculada de un hombre que todos los días incurre en los mismos actos tanto antes de irse a trabajar como limpiador de baños como después de salir de su jornada laboral.

Hirayama (Kôji Yakusho, habitual colaborador de Kiyoshi Kurosawa) todos los días se sube a su vieja camioneta para recorrer los baños de la ciudad y proceder a limpiarlos junto a un compañero bastante irresponsable y alejado de su propia filosofía. Este hombre parece totalmente satisfecho con su austera y sencilla vida compuesta por una estructurada rutina que comprende no solo su trabajo sino leer diariamente libros y escuchar música en el camino hacia trabajo mediante viejos cassettes que atesora y elige con minuciosidad. Asimismo, todos los días almuerza en el mismo parque donde saca una vieja cámara de fotos de rollo y captura imágenes de los árboles contrastados con la luz solar. Obviamente, ese estado inalterado de equilibrio donde este hombre parece encontrar la armonía se verá alterado con una serie de encuentros inesperados o intercambios con otros allegados que lo sacarán de su eje y al mismo tiempo se irán revelando algunos datos de su pasado.

Filmada de forma preciosa, mezclando la trama principal con imágenes poéticas en blanco y negro relacionadas con el costado artístico del protagonista, «Perfect Days» opta por una relación de aspecto de 1.33 : 1 para aumentar ese efecto de rutina/estructura o enfrascamiento del protagonista de una forma realmente eficaz y simple. La primera mitad del relato puede recordar un poco a «Paterson» (2016) de Jim Jarmusch, donde se da una especie de oda a la vida cotidiana, cosa que algunos podrán ver como conformismo pero que realmente los protagonistas gozan y transitan con comodidad. Sin embargo, ese estado inalterado se verá puesto en jaque por medio de ciertas huellas del pasado pisando fuerte en la actualidad y modificando de alguna manera ese ballet de pequeños eventos encadenados que componen la estabilidad de Hirayama tanto a nivel emocional como económico y social.

Wenders sabe cómo interpelar al espectador y así como muestra un costado desconocido de su faceta como autor, también nos muestra de forma realmente elocuente otro costado de la sociedad japonesa, siguiendo a Hirayama por una Tokyo escondida, atípica y cinematográficamente disímil a lo que estamos acostumbrados. Yakusho hace un trabajo estupendo como el protagonista de pocas palabras (por algo le dieron el premio a Mejor Actor en la pasada edición del Festival de Cannes) que mantiene una vida «analógica» dentro de un mundo «digitalizado» e impersonal, algo que podemos ver claramente con la visita de la sobrina (Arisa Nakano) que en un momento le pregunta si esa música que escucha en cassette se puede encontrar en Spotify y él le dice que no conoce esa tienda.

Y si hablamos de música, la banda sonora compuesta por música de Lou Reed (que incluye el tema que le da el título a la película), The Animals, Nina Simone, Ottis Reding, The Kinks y Van Morrison se termina de redondear un trabajo superlativo que amplía ese sentimiento nostálgico, pero a su vez profundamente conmovedor al que apela el director.

«Perfect Days» es una película austera, cuidada y precisa en su puesta en escena tal como el protagonista con su rutina, pero al mismo tiempo es honesta y emotiva, buscando el entendimiento y la emoción del espectador sin incurrir en golpes bajos o en grandes revelaciones sino en intentar brindar un poco de luz y/o entendimiento sobre cómo las personas a veces buscan la sencillez y estar en paz con sí mismos en lugar de cosas más grandilocuentes. Bienvenido de vuelta Wim Wenders, te extrañabamos.

Puntaje:

 

 

Tráiler:

 

Martín Goniondzki

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