Crítica de “Entre nosotras” de Maria Sole Tognazzi (2015)

Comencemos, sin más, a bocajarro: el largometraje cae –y no se levanta- en los típicos clichés de las comedias románticas. Quien esté habituado a ver películas, reconoce los aspectos formales propios de cada género cinematográfico, y María Sole Tognazzi no es la excepción. Sin embargo, ella, al seguir a rajatabla el clásico ciclo de conflictos de una pareja, hace que la película transite, en toda su extensión, acomodada a una estructura tan esquematizada que se pierde -u olvida- el peso dramático de la historia.

Antes, y haciendo una digresión al análisis, debo señalar que “Entre nosotras” (“Io e lei”) rompió los moldes en Italia. Allá por el 2015, el país no contaba con una legislación para la unión civil de parejas homosexuales. La película resultó ser un soplo de aire fresco ante las vetustas leyes italianas, que se actualizaron el año pasado: la Cámara de Diputados aprobó la unión civil entre personas del mismo sexo pero sin derecho a adoptar.

Tognazzi, con respecto a su último largometraje, manifestó que le interesaba retratar “mujeres independientes, dueñas de sus propias vidas, capaces de elegir su felicidad sin importar el juicio de los demás”. Es así como se nos presenta a Federica (Margherita Buy) y a Marina (Sabrina Ferilli), una pareja homosexual que convive hace cinco años. Las dos protagonistas llevan una vida laboral bastante activa: Federica es arquitecta y Marina, una ex actriz, es dueña de un lujoso restaurante. Avanzada la trama nos enteramos que Federica tuvo una relación heterosexual con su ex marido Sergio (Ennio Fantastichini) y que, fruto de ésta, es madre de Bernardo (Domenico Diele), y que comenzará a tener dudas sobre su noviazgo homosexual con Marina.

Retomando la “pesquisa cinematográfica”, este largometraje apuesta por una concatenación de situaciones ordenadas y prolijas, de manual, para llevar al relato, desde el inicio al final, sin zozobras. Esto provoca que se esterilice la empatía del espectador para con Federica y Marina.

Tognazzi se esmera más por una puesta en escena formalmente correcta, que por realizar un vehículo para permeabilizar, con aplomo, las luchas y certezas sobre la cuestión de género. Y, si bien hay una reivindicación a la pareja homosexual, la trama no es consistente, espesa, en este aspecto.

“Entre nosotras” se mueve sin intensidad. No hay situación que nos convulsione emotivamente. Es una película que ni gusta, ni disgusta. La narración sosa y desangelada cierra las puertas a lo que podría haber sido una historia más que interesante.

Puntaje: 2,5/5

Tráiler:

 

Pablo Flaherty

 

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