Crítica de «Eureka» de Lisandro Alonso (2023)

«Eureka» puede que sea la película más ambiciosa y elocuente de Lisandro Alonso. Esto la convierte en una atractiva propuesta más allá que no siempre le terminen de salir bien todas las cosas que se propone profundizar. Podemos comenzar diciendo que la película vendría a ser como una suerte de tres películas en una, o un compendio de tres historias diferentes que tienen puntos de contacto temáticamente y también con algún que otro componente o elemento que se repiten/comparten mutuamente.

La primera de las historias que nos narra el film tiene a Viggo Mortensen como protagonista y comprende un western clásico donde un forastero llega a un pueblo en busca de su hija y termina enfrentándose a varios hombres blancos que buscan problemas en el pequeño poblado (quizás este segmento mantenga algún punto de contacto con la obra anterior de Alonso, «Jauja» de 2014). Luego y tras una especie de vínculo de relato enmarcado o película dentro de otra película se nos narra la historia que podríamos considerar central de la película (y la más lograda también) la cual nos sitúa en el presente en Dakota del Sur donde Alaina (Alaina Clifford) está bastante desganada con su trabajo como oficial de policía en la comunidad indígena de la reserva de Pine Ridge. Tanto es así que tras atender varios llamados por la radio policial (alguno relacionado con un episodio de violencia doméstica, otro por un borracho manejando por la ruta y después uno vinculado con un tiroteo en un casino) decide dejar de atender los llamados. Sus compañeros parecen no ayudar demasiado en las tareas. Al mismo tiempo su sobrina Sadie (Sadie Lapointe, la revelación de la película), pasa una larga noche esperándola mientras realiza algunas tareas como entrenadora de básquet de un grupo de jóvenes, al mismo tiempo que va a visitar a su hermano a la cárcel y también mantiene una charla existencialista con su abuelo, una especie de mentor y jefe espiritual de la comunidad. La soledad parece ser el eje central de este segmento, así como también ciertas problemáticas sociales que tienen que ver con los suicidios de los adolescentes y también con personas de bajos recursos viviendo en condiciones deplorables y marginados del resto de la sociedad. Sadie considera que tiene que tomar alguna decisión con su vida y por eso será trascendental su intercambio con su abuelo para tomar una decisión sobre su futuro (la cual conviene no adelantar a fines de preservar la sorpresa). Finalmente, el tercer segmento (y quizás el menos logrado de los tres) se sitúa en Sudamérica durante los años ’70, más específicamente en Brasil que atravesaba por un periodo de crisis y en ese contexto es que la trama se centra en una comunidad de indios que son explotados buscando oro para el hombre blanco.

Los puntos de contacto de estas historias serán bastante sutiles e incluso tendrán alguna raíz fantástica que los vincule en algunos casos. Alonso consigue generar interés genuino durante el relato mediante el extrañamiento, la intriga que va generando desde la primera historia y también mediante a un logrado y bello trabajo de fotografía realizado por el finlandés Timo Salminen (habitual colaborador de Aki Kaurismäki) con quien ya había tenido la oportunidad de trabajar en Jauja.

«Eureka» es una película compleja, la cual quiso trazar un paralelismo entre pueblos originarios de distintas regiones y sus creencias, conectadas por medio de un componente fantástico al mismo tiempo que estas comunidades colisionan con el capitalismo salvaje y el «progresismo» que impone el hombre blanco. Al menos ese parece ser uno de los ejes temáticos que rodean a los personajes que también se hallan en búsquedas personales relacionadas con la soledad, la búsqueda de identidad y propósito en la vida, así como también el viaje en varios sentidos de la palabra (ya sea introspectivo, existencial o literal).

Quizás el problema es cuando el largometraje se vuelve contemplativo por demás o cuando prioriza la abstracción (que en pequeñas dosis funciona) por encima de lo narrativo (no por nada algunos críticos compararon esta película con el cine de Apichatpong Weerasethakul, aunque también puede verse más de un punto de contacto con el cine de David Lynch). Lo cierto es que a pesar de sus 140 minutos de duración Alonso atrapa al espectador, lo seduce y lo termina bombardeando con distintas cuestiones intrigantes y atractivas. La conexión frágil entre las tres historias puede que también cueste ver la película como un todo, pero es imposible dejar de ver lo que propone Alonso con los climas que va generando, la intimidad que logra mantener con los personajes y esa idea de que dichos personajes parecen estar rodeados de un mundo hostil en el cual no terminan de encontrar su espacio.

Que una película logre atraparte tanto como lo hace «Eureka» por medio de una poética visual inusitada y una narrativa un tanto compleja y críptica demuestra que todavía hay historias interesantes para contar por más de que el resultado pueda ser imperfecto. Imperfecto y maravilloso tales como resultan ser los personajes del film.

Puntaje:


 

 
Tráiler:

 

Martín Goniondzki

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