Crítica de «Pinamar» de Federico Godfrid (2016)

La ciudad veraniega se convierte en un lugar de recuerdos y melancolías para dos hermanos unidos por la soledad y la desesperanza.

La primera obra solitaria del director Godfrid comienza con los dos hermanos en silencio dentro del auto, uno manejando mirando a la nada y el otro haciendo berrinche como un chico que no quiere estar ahí. Esa es la introducción de los dos protagonistas que vuelven a la ciudad de Pinamar para vender la casa de sus padres. Tras la muerte de su madre, los veinteañeros deciden entregar el hogar con todos sus muebles y objetos, tratando de dejar el pasado a un costado y queriendo definitivamente vivir solos por separados.

Los dos son diferentes. Pablo (Juan Grandinetti) es huraño, senil y taciturno, mientras que Miguel (Agustín Pardella) tiende a ser afable, expresivo y explosivo. La llegada de ambos a la costa no será pasajera, los antiguos amigos y las calles que permanecían calladas en sus cabezas retomarán sus sensaciones.  Es su competencia por el corazón de una joven chica (Violeta Palukas) la que descaderará un nuevo haber y abrirá la caja de Pandora que habían olvidado en su infancia.

Entre engaños y golpes tanto físicos como psicológicos, la dupla deberá someterse a la prueba de una localidad fuera de su estadía turística, en su resplandor del frío. Los elementos de la costa son utilizados de modo sublime para que la actuación amortigüe de forma natural escena tras escena.

Los pequeños engaños del film (que contiene un gran labor por parte de la dirección de sonido) se verán en las facetas de fotografía, donde no hay muchos riesgos y vuelve, por momentos, monótona a la historia.

Sin embargo, las mayores luces del largometraje residen en los elementos de campo afuera como la madre misma, un espectro que aparece solo cuando se disputa la venta de la propiedad, o el decorado que recorre la morada antigua (caña de pescar, grabadora). Todo esto puja para que los hombres perdidos vuelvan a reflotar su objetivo principal. ¿Qué hacer con todo este gran peso de la memoria?

Y es así como, paso a paso, los dos ex pinamarences se van develando, despertando de un sueño difícil de superar. Una vigilia a la que ninguno quiere pertenecer y es por eso que ambos se necesitan para llegar una decisión final.

Cercano al cine de Kenneth Lonergan y especiales similitudes con Ezequiel Acuña, el cineasta logra captar la esencia de un momento atroz, como es la muerte de un ser querido, para transfórmalo en un relato de la maduración.

Puntaje: 4/5

Tráiler:

 

Roberto Iván Portillo

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