CINE

Crítica de «¡La novia!» de Maggie Gyllenhaal (2026)

Últimamente las películas de Warner Bros apelan a un estilo transgresor y provocativo que generen un revuelo entre el público y conversación en redes sociales. Solo basta con ver sus últimas producciones estrenadas para confirmar dicha tesis. La versión moderna y en clave de fan fiction de «Cumbres Borrascosas» de Emerald Fennell, está siendo un éxito rotundo en los cines alrededor del mundo con una taquilla de alrededor de 200 millones al día de la fecha y un presupuesto estimado en 80 millones, a pesar de haber tenido criticas mixtas. «¡La novia!» de Maggie Gyllenhaal parece seguir una línea discursiva similar, aunque la propuesta de la actriz devenida en directora funciona bastante mejor en ciertos aspectos.

Comencemos diciendo que el largometraje protagonizado por Jessie Buckley y Christian Bale, está muy libremente inspirado tanto en la novela de Mary Shelley como en varias de las clásicas adaptaciones que tuvo después en el cine, siendo la más obvia «La novia de Frankenstein» (1935), una de las obras cumbre de lo que fue esa serie de films conocidos como Universal Classic Monsters. Cuando digo «libremente», es realmente así, ya que la directora de «La hija oscura» (2021) solo toma a los personajes principales para construir una especie de tragicomedia exacerbada y aggiornada sobre los deseos, la ira, el dolor y cierta corrección política sobre la mujer y el rol que desempeña en la sociedad, en el ámbito familiar y cuestiones que si bien se contrastan con el tiempo histórico de la película (está ambientada en los Estados Unidos de los años ’30) también tienen su repercusión o espejo en la modernidad.

La historia sigue a Frankenstein (Bale) tras lo que serían los eventos plasmados en la novela. De alguna manera llegó a EEUU y se la pasa deambulando encapuchado, para no tener problemas, por la ciudad de Chicago. Su objetivo es el de acudir a la Dra. Euphronius (Annette Bening) para que pueda crearle una compañera. De esta forma, ambos traen a la vida a una mujer asesinada, llamada Ida (Jessie Buckley), quien se convierte en la Novia. Tras despertar completamente desorientada, la mujer intentará recuperar su identidad al mismo tiempo que se va desencadenando un romance peculiar con Frank. Por otro lado, se convertirán en fugitivos de la policía al mismo tiempo que Ida será un ícono femenino que fomenta un cambio social radical.

La propuesta de Gyllenhaal comienza abrumando al espectador con una narrativa algo confusa, un bombardeo de imágenes que mezclan el blanco y negro con una paleta de colores saturada y repleta de vida. Lentamente, una vez planteado el conflicto inicial y cómo la criatura busca una pareja mientras que su partenaire intenta encontrar su identidad/propósito, el relato empieza a asentarse. En ese punto se aleja completamente del material de origen para encarar un camino propio que la asemeja más a «Bonnie & Clyde» (1967) mezclada con «Romeo y Julieta» que a una película de horror y/o ciencia ficción como Frankenstein. A su vez, el personaje de la novia tiene algunos elementos del Joker, especialmente en lo que respecta a su costado más salvaje y provocativo, sin llegar a la anarquía total, pero manteniendo en perspectiva sus objetivos. Buckley se luce realmente con el personaje del título y encuentra en Bale a una pareja perfecta que sabe seguirle el ritmo y el tono que requiere cada secuencia.

Esta reimaginación contemporánea del clásico gótico busca despegarse del resto de las adaptaciones y lo logra con creces, siendo no necesariamente bueno en todo momento. No obstante, su audacia potenciada en las interpretaciones, la excelsa estética y recreación de los ’30 que se divide entre las denuncias a las atrocidades de esa época y también el homenaje a la época dorada de Hollywood (la novias se llama Ida y el mafioso que la manda a matar se llama Lupino en alusión a Ida Lupino, la actriz, guionista, directora y productora que fue una de las pioneras en ocupar ese rol en la industria); incluyendo la participación del hermano de la directora Jake Gyllenhaal como una estrella del musical, su maravilloso trabajo en cuanto a fotografía y banda sonora que traen a la vida aquella época pero con una búsqueda de estética moderna y su humor irreverente la llevan a funcionar mucho mejor como relectura que otros intentos como incluso el nombrado en el primer párrafo.

A su vez, la película despliega una narrativa de resistencia feminista, que nombra las violencias sistémicas y las injusticias sociales, de forma más avezada que las planteadas por otros relatos, profundizando en el tema sin descuidar la narrativa ni el entretenimiento.

«¡La novia!» es una película extravagante, repleta de ingenio e inventiva, que descuida por momentos el tono y se olvida de su material de origen con el objetivo de crear algo verdaderamente propio y sorprendente. Es una película polarizante que probablemente no sea del agrado de todo el mundo, pero que su existencia es digna de celebración dadas las propuestas poco originales que abundan en el cine mainstream. Aun cuando la película pierde el control, su descaro e imprudencia la vuelven una propuesta disfrutable.

Puntaje:


 
 
 
Tráiler:


 
Martín Goniondzki

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