Crítica de «La Odisea» de Christopher Nolan (2026)
¿Pueden pecados del pasado resonar en futuros que todavía no podemos concebir? Esa parece ser la temática que ha elegido Christopher Nolan para sus más recientes trabajos, comenzando por la exitosísima «Oppenheimer» y pasando ahora por esta nueva adaptación de «La Odisea». El pasado de Nolan lo había cruzado con los poemas épicos de Homero en el pasado: comenzó a trabajar en «Troya» (sí, la de Brad Pitt) antes de que lo quitaran del proyecto y, para compensárselo, le ofrecieran una pequeña franquicia llamada «Batman». El resto es historia y justamente con ese peso cruel del destino es con lo que viene luchando el cineasta a través de los protagonistas de sus últimas dos películas, dando la sensación de que continúa ruminando su rol activo en los males del cine contemporáneo.
En «La Odisea» seguimos la travesía interminable de Odiseo (Matt Damon) por regresar a su reino luego de largos años peleando en la guerra de Troya. Lo que debía ser un regreso triunfal a su esposa (Anne Hathaway) e hijo (Tom Holland) va a convertirse primero en una serie de retos mitológicos para luego devenir en prácticamente una maldición en la que Odiseo no sabe si alguna vez será capaz de volver a su reino para salvar a su familia de los pretendientes al trono. En el camino habrá momentos, escenas y secuencias más que interesantes, aunque lamentablemente se ahogan en el resto de las casi tres horas de duración.
La trama va a hacernos saltar entre la titular odisea de Odiseo y la espera interminable de su familia en Ítaca, aunque (como es usual en las producciones de Nolan) a esos se le suman saltos temporales que acaban desdibujando la simpleza del relato. Las escenas de Odiseo intentando recordar en una isla los últimos años de su viaje de regreso a casa no son más que los usuales intentos de Nolan por sobrecomplejizar de forma sumamente artificial lo que a fin de cuentas es un cine bastante elemental. En esa simpleza muchas veces radica sus mayores fortalezas, condensadas usualmente en potentes escenas de monólogos climáticos que fortalecen el portento audiovisual con una emotividad movilizante. «La Odisea» tiene esos grandes momentos tan característicos, aunque a diferencia de sus mejores trabajos no acaban por contagiar a un resto de película que dependiendo de que tan familiarizado esté uno con el relato original varía entre lo mecánico y relativamente entretenido.
Para mantener ese tono el elenco tiene también bastantes altibajos, liderados por un Matt Damon mucho más que servicial y un Tom Holland que apenas llega a serlo. Por otro lado tenemos el duelo de subterfugios entre una Anne Hathaway que nunca logra calibrar su sobreactuación y un Robert Pattinson brillante en el papel de uno de sus desagradables pretendientes. Uno de los grandes problemas de la película es que el estilo narrativo de Nolan prioriza el ritmo de montaje ante cualquier tipo de peso en la mayoría de sus secuencias, como consecuencia los clímax de sus actos tienen un gran peso pero la cadena que los une está compuesto por eslabones que parece no le interesan demasiado y eso incluye la serie de hitos de leyenda que hacen de este uno de los relatos más perdurables de la humanidad. Si bien la audiencia ansía ver cómo va a resolver de forma «realista» los enfrentamientos ante el cíclope, las sirenas o la hechicera Circe, el resultado es siempre entre banal y desinflado; así es como las secuencias se unen en una francamente aburrida homogeneidad visual y lo único que reaviva el interés dramático es como Pattinson consigue que nos quedemos enganchados con tal de ver como finalmente le sacan esa sonrisa socarrona de una piña.
Otro punto especial de la peli es que se trata de la primera película filmada íntegramente en IMAX, haciendo que solo 40 cines en el mundo pueden proyectar la totalidad de la imagen de sus planos. Aparte del problema evidente de por qué hacer un film que el 90% de publico verá literalmente recortado en cines normales, está el no pequeño detalle de que Nolan y el director de fotografía Van Hoytema no parecen haber concebido mucho de los encuadres para aprovechar el formato casi cuadrado de IMAX. De hecho lo contrario: hay bastantes planos que parecen pensados con la idea más «natural» del formato panorámico, y que dejan leguas de espacio sin objeto, sujeto o siquiera información en las partes «ganadas» con este revolucionario formato para pocos.
«La Odisea» es una cinta que promete gigantescas emociones y sensaciones en el marco de uno de los relatos más importantes de la historia de la humanidad, pero el resultado es más vacío que impresionante. Nolan ayudó a erguir el superéxito de blockbusters de superhéroes que han inflado presupuestos y concentrado la atención tanto de los estudios como del público en un único tipo de relatos, pero a posteriori enfocó sus esfuerzos en hacer películas en IMAX para que apenas unos pocos miles en todo el planeta puedan tener la suerte geográfica de verlas realizadas como se debe. Christopher parece no descansar en su lucha por achicar, elitizar y disminuir la potencia socialmente masiva del cine como arte e industria, pero el problema es que si bien «Oppenheimer» fue una anomalía positiva en el camino continúa entregando esfuerzos que se sostienen únicamente en el peso de su propia importancia. Algo que tanto Odiseo como la familia, pueblo y civilización que condenó con su abandono entienden bastante bien.
Puntaje:
Tráiler:
Leandro Porcelli

