CINE

Crítica de «Nuestra Tierra» de Lucrecia Martel (2026)

Como si no fuese suficiente con celebrar el portento de su cine, la figura de Lucrecia Martel se ha convertido hace ya unos años en la de una de las cineastas más importantes del planeta. Incluso luego de brillar en festivales como Cannes, Venecia o Berlín, sus películas continúan aumentando su impacto al ser apreciadas con la mayor de las estimas tanto por críticos y cineastas como por el público cinéfilo en general. No hay dudas de que con apenas cuatro largometrajes, Martel marcó a fuego su nombre como una de las voces cinematográficas más valiosas desde comienzos de siglo. En ese contexto es que nos trae su primer largometraje documental para cine (había realizado «Las Dependencias», sobre la escritora Silvina Ocampo, para televisión), poniendo el foco en uno de los tantos procesos judiciales que atrapan la atención momentánea de medios y público para luego quedar en el relativo olvido.

«Nuestra Tierra» nos acerca a un conflicto que parece tan antiguo como atemporal: el derramamiento de sangre por la disputa de territorio. El asesinato de Javier Chocobar, un líder del pueblo Chuschagasta de Tucumán, a manos de un grupo de policías retirados devenidos a volátiles terratenientes va a encender la mecha de una bellísima exploración de la vida de esta comunidad indígena y de lo que significa la identidad propia en cualquier nación que se aprecie. Lejos de sostenerse en un simple sinfín de entrevistas estáticas mirando a cámara, el film emplea variadas técnicas documentales familiares para fans del género condimentadas de forma intrigante con la perspectiva propia de Martel.

La voluntad de brindarle a algunas de sus mejores secuencias cualidades más propias de la ficción desde la concepción de cámara y montaje dotan las dos horas de duración no solo de un dinamismo entretenido sino de una profundidad poética muy superior a la mayoría de esfuerzos del género. Incluso los mejores documentales guardan ese tipo de osadías para su clímax, mientras que el equipo detrás de «Nuestra Tierra» entiende que la diversidad de historias que acercan a la audiencia permite un ritmo de desarrollo y conclusiones constantes. Después de todo, lo que comienza como un documental judicial no tarda demasiado en volverse una mirada cruda a la pasión por la vida de sus protagonistas. El trabajo de Martel pone en evidencia el destrato universal por los pueblos originarios del mundo, pero sin perder de vista que lo más valioso de sus perspectivas no solo es la herencia de lucha con la que ya vienen al mundo sino cómo tratan a su tierra en contraste a la usual explotación de los sistemas modernos; la tierra no como bien sino como vida e identidad.

En todo momento se siente esa capacidad de profundidad que ostenta siempre el trabajo de Martel. El documental comienza con un plano desde el espacio, mostrando la maravilla tecnológica con la que rodeamos el planeta mientras la música de fondo pide perdón por nuestros pecados. Hay varias instancias en las que puede sentirse esa temática de la modernidad como un pecado al que hay que saber controlar, desde la recreación del crimen con drones de la policía que no sirve para esclarecer hechos hasta el circo mediático y porque no judicial que parece casi inocentemente concebido para darle todas las herramientas posibles a los criminales con poder. Aunque esta lectura podría ser una de las tantas adjudicadas subjetivamente al trabajo más allá de la intención de su autora, no hay dudas de que la peli ofrece el otro lado de esa cuestión: la modernidad no como antagonista al orden natural sino como mecenas del arte hacia el espíritu humano. La vida recordada a través de fotografías o el cine como herramienta para explicar mejor sensaciones del pasado o ideas más grandilocuentes que lo terrenal son alguno de los ejemplos que se muestra en esta cinta. Incluso el propio uso de drones por parte del equipo documental da cuenta de un empleo creativo y poco ortodoxo de lo que en el cine comercial se emplea como una herramienta ya tan estéril como el plano-contraplano.

«Nuestra Tierra» es un esfuerzo necesario de apreciación empática sobre la lucha eterna del ser humano más desamparado por hacerse valer más allá de su valor material. Un documental que trasciende su propia sinopsis para entregar una experiencia invaluable que revaloriza y pide reflexión acerca de la concepción de lo que consideramos justicia o identidad. Su estreno en estos tiempos de profundidad rampante de la crisis del cine argentino sin dudas revoluciona un poco su recepción, pero Lucrecia es una de esas pocas cineastas con la facilidad de transformar la cualidad inherente del cine de servir como memoria y trasladarla a un terreno mucho más abstracto, poderoso e inmortal. Con una carrera marcada (o fertilizada) por las constantes crisis de nuestro país, el de Martel es un cine absolutamente latinoamericano tanto en su brillo como en su resistencia.

Puntaje:        Tráiler:   Leandro Porcelli

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