Crítica de «Locas en Apuros» de Adele Lim (2023)

En un mercado cinematográfico como el actual, toda película que no sea un tanque atado a una propiedad intelectual necesita de toda la ayuda posible. «Joy Ride», traducida como «Locas en Apuros», ya no arranca de la mejor manera en ambos mercados gracias a sus nombres tan genéricos. Aunque es posible que esa cualidad, para bien o para mal, haya sido consciente o inconscientemente buscada.

Lo que empezó como un viaje de negocios termina por lanzar a dos mejores amigas, y a otras dos que improbablemente terminarán también siéndolo, en la búsqueda para encontrar a la madre biológica de una de ellas. La dupla central es una abogada que no planeaba que su primer viaje a China sea para algo más que cerrar el trato que le asegurará un ascenso laboral, y su irreverente amiga/artista plástica/desempleada quien estará a cargo de que nada sea tan simple. Si no está claro todavía, esta es una producción que no solo acepta los clichés sino que se encuentra cómoda dejando que la audiencia descanse a piacere en ellos.

Por si todo eso fuera poco también es la nueva comedia de Adele Lim, por primera vez como directora tras guionar el gigantesco éxito «Crazy Rich Asians» en 2018. Cinco años después de convertir la primer película en tener un elenco mayormente asiático en 25 años, en la sexta comedia romántica más taquillera de la historia, y luego de dejar la producción de las secuelas al recibir una oferta 10 veces menor a la de su co-guionista blanco, Lim vuelve por todo. La elección de pasar a un proyecto mucho más pequeño en pos de tener mayor control creativo se valora especialmente cuando termina siendo un proyecto con tantos altibajos como este.

Si bien la firme, clara e inventiva dirección de Lim ayuda a un guión que a grandes rasgos sabe exactamente lo que quiere, los detalles del mismo sumados a típicas irregularidades de óperas primas de no tan alto presupuesto hacen que la experiencia sea tan disfrutable como tosca. La idea original de Lim terminó siendo trabajada para la pantalla por dos guionistas destacadas por sus colaboraciones en varios proyectos de Seth McFarlane y ese toque estilo «Padre de Familia» termina sintiéndose más de lo debido. Las fortalezas de personajes, temáticas y motivaciones de Lim sostienen los destellos de química de su cast y los momentos de solvencia en su dirección, pero hay instancias de humor que no terminan de cuajar del todo debido a esa tendencia al gag fácil, rápido y sin peso alguno que es tan… McFarlanesco. A pesar de esto, el filme se encuentra muy por encima de la paupérrima media de comedias modernas estadounidenses. Lo logra gracias a un guión y dirección que conocen lo suficiente a sus personajes como para llegar al set con gags funcionales ya establecidos además de reforzar con estructuras la improvisación. Sin estructura no hay contexto y si no hay contextos ante el cual rebelarse no hay comedia, hasta un guión tan irregular como este lo entiende fácilmente.

Esos altibajos de guión no llegan a ser desequilibrios de tono gracias en gran parte a Lim, pero también pueden verse problemas similares en el elenco. Las protagonistas son Ashley Park, con una exitosa carrera mayormente en teatro y musicales, junto a Stephanie Hsu, reciente nominada al Oscar por la ganadora a Mejor Película «Everything Everywhere All at Once». La ambiciosa libertad entregada con justicia a Hsu tras venir de un papel tan importante provoca resultados más interesantes que la media en roles de este tipo que se encuentran ya totalmente estancados en comedias equivalentes masculinas. Mientras que Park ve su indudable talento luchando por mostrarse en un medio tan distinto al de su terreno usual, con momentos que van a lo amplio y brusco sin miedo al usual yerro que suele obtenerse como resultado. Eso resume la cinta en líneas generales, pero lo haría dejando injustamente de lado toda las bondades de un buen rato que no se limita a mostrar minorías o sus experiencias sino que logra no solo universalidad sino especial valor en los momentos que solamente conecten por completo con una persona asiática criada en occidente.

La película no solo se siente cómoda en los clichés, y confiada como para lograr tanto pequeños yerros como medianos triunfos, sino que también apunta directamente a entregarle a la audiencia una experiencia con similitudes a las que ya supieron disfrutar. Podría reducirse a una versión femenina de la típica comedia de grupo masculina que además reemplaza la dinámica de romcom con el lazo entre dos amigas, pero eso dejaría demasiado afuera. Hay varios mecanismos o dinámicas con ejemplos en clásicos de los últimos 30 años y que encuentran equivalentes bien ubicados en esta cinta. Se logra así una película que se siente fresca en su búsqueda por familiaridad, en todo sentido. Consigue llevar a la audiencia a los lugares comunes pero placenteros de los típicos grandes éxitos de los 90s y 00s, trasladando las experiencias a dos amigas que se sienten casi igual en el país donde vivieron toda su vida que en el país donde por primera vez conviven con una población de su misma etnia.

En el panorama del cine actual, películas como esta necesitan toda la ayuda posible para llegar a una audiencia más amplia que la que la industria imagina y que va a disfrutarla más de lo que esa misma audiencia puede creer incluso al elegirla. Perfecta para una salida con amigas, o esa película que hace que uno se haya arrepentido de verla con familia, es un buen rato que promete con creces unas cuantas risas incluso al repasarla en la charla posterior a verla. Es una pena entonces que en la semana de su estreno prácticamente no haya cines dispuestos a «cederle» pantallas, cuando la razón es que hay en cartelera dos propuestas arriesgadas que terminaron siendo tanques garantizando salas llenas. Ojalá estos recientes éxitos inesperados, al menos a tal magnitud, hiciera que la industria aprenda la lección correcta de permitirle a las películas la chance de sorprender con su éxito. A algo tan improbable como eso apostó Lim cuando dejó la comodidad garantizada de hacer «Crazy Rich Asians 4» en piloto automático, y ese es el riesgo al que harían bien en apostarle todos aquellos con algo de interés en esta película. Porque aunque a la industria le incomode, el riesgo es siempre garantía de un cine que vale la pena verse.

Puntaje: 


 

 
Tráiler:

 
Leandro Porcelli

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