Crítica de «Megalodón 2: El Gran Abismo» de Ben Wheatley (2023)

La primera «Megalodón» logró una labor tan aceptable como para justificar con su éxito una secuela, a pesar de no lograr trascender el rendimiento más elemental de la premisa «Jason Statham contra un tiburón gigante». No es sorpresa que un concepto tan ridículo mezclado con un nombre conocido haya ganado una secuela, pero sí sorprende bastante que venga de las manos de uno de los nombres más interesantes del cine inglés moderno como el director Ben Wheatley.

Con excepcionales experiencias de autor como «Kill List», «A Field in England», «High-Rise» y «Free Fire», Wheatley logró marcar a fuego su nombre en la memoria reciente de los cinéfilos y en la escena de festivales de la década pasada. Aunque lamentablemente hablar mucho de un cineasta tan talentoso como él sirve de poco en la reseña de una película que refleja tan pocas huellas de su talento. Si su filmografía hasta el momento demostraba que no le tiene miedo ni asco a ningún tipo de proyecto, limitarse a ejecutar el rol de director en una pochoclera desvergonzada como «Megalodón 2» termina por coronar lo impredecible de su carrera.

Luego de salvar el día, el personaje de Statham se mantiene junto a su hijastra en las primeras filas de una institución destinada a la investigación de las criaturas prehistóricas que comenzaron a descubrir en la primera entrega. La mayor adición tanto al elenco como a la dinámica de la película es su cuñado, interpretado por la estrella de acción asiática Wu Jing. En las secuencias de acción agrega una calidad de stunts y carisma más al estilo Jackie Chan que a maestros de décadas más cercanas con frío semblante como el gran Donnie Yen. Aunque igual de interesante resulta su caracterización a lo largo de la trama, mostrándose como un osado ricachón sediento por trasladar los riesgos que han bendecido sus negocios a varias jugadas peligrosas que pondrían la exposición a cualquier personaje fuera de una película de acción. La frialdad la brinda de todas maneras un Statham que repite su estoico rol de tipo duro esta vez con el condimento particular de hacerlo desde el rol de padrastro de una preadolescente. Estos ejemplos son algunos de los varios detalles que terminan fortaleciéndose unos a otros para que «Meg 2» intente separarse del montón. El gran problema es que estos detalles no están acompañados de mayores decisiones que demuestren la misma inventiva.

La mano crítica y de buen humor inglés de Wheatley se nota en casi toda escena de acción o comedia, pero siempre como un condimento que mejora las páginas en lugar del motor detrás de su concepción. El resultado son secuencias poco superlativas ejecutadas de buena manera y con agregados que la resaltan de otras partes, sea desde la elección de planos, ejecución de coreografía o algo tan simple como diálogo irreverente entre extras caminando por «una del pelado de Transportador». Con un elenco y guion irregular, el acotado arsenal de recursos que emplea el director no terminan de redondear una gran sorpresa de punta a punta aunque sí logran coalescer en momentos puntuales varios que salvan la experiencia de momento a momento.

Es una suerte que «Meg 2» se salve de acumular suficientes problemas como para manchar la experiencia, logrando divertir bastante durante su visionado. Su mayor pecado es entonces no brindar suficientes momentos que deje a uno deseoso por compartirlos luego de verla, ilustrado perfectamente por el hecho de que ni siquiera logra entregar una satisfactoria dosis de los tiburones gigantes que le dan su título. Es automáticamente la peor película de Ben Wheatley, solo por tratarse de un esfuerzo corriente por ejecutar lo mejor (y no de la forma más interesante) posible un filme totalmente comercial. Pero en lo que respecta a películas de Jason Statham luchando contra gigantescos tiburones prehistóricos, está a un nivel similar a la sorprendente primera entrega. La única duda es si en un panorama algo adverso de cartelera global, va a lograr recaudar lo suficiente como para que continúen adaptando el resto de la serie de novelas que da origen a la francamente increíble existencia de esta ya franquicia. Ojalá sobreviva su extinción en nombre de todos los fans del poco usual cine irregular que logra evitar las peligrosas aguas de la aburrida mediocridad.

Puntaje: 


 

 
Tráiler:

 
Leandro Porcelli

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